San Luis Potosí es una ciudad melindrosa, vieja, achacosa. Siempre hay algo que no queda bien, un florero mal puesto, la calle que topa con la iglesia, el callejón sin señalética, el drenaje que apesta y no drena, la ciclovía que nadie quería, el río pavimentado, el distribuidor vial que terminó ahogando a Benito Juárez bajo un amasijo de concreto. Los potosinos somos expertos en detectar defectos, pero muy malos para sugerir soluciones. La solidaridad, no es una de nuestras virtudes.

Los alcaldes de la ciudad capital del estado han llegado indistintamente al poder denigrando a quien resulte ser el gobernante en turno, se desnudan sus relaciones políticas, sociales y familiares. Los negocios turbios del gobernante quedaban expuestos ante la opinión pública y de haber sido descuidado, esa sería su tumba. Antes, cuando no se permitía reelegirse en periodo inmediato siguiente, los alcaldes tomaban el último año de su trienio con cierta parsimonia, tratando de acumular la mayor riqueza para soportar el periodo de sequía, la pérdida del poder significaba una suerte de ostracismo al que ineludiblemente todos serían sentenciados en cuanto entregasen la banda tricolor.

A poco más de un año de distancia, el entonces candidato Xavier Nava Palacios se desgañitaba señalando los burdos manejos financieros del alcalde Ricardo Gallardo Juárez, con quien apenas dos años antes compartió los escenarios y los discursos, los elogios y los abrazos, las promesas y las querencias. “Nada es para siempre y menos en la política”, decía mi abuelo, hombre sabio a sus horas.

Ricardo Gallardo Juárez a la sazón alcalde y afanoso candidato en búsqueda de la reelección hablaba con sobradez, prometía superar a cualquier otro aspirante por más de la mitad de los votos obtenidos en la elección anterior. La vida le tenía reservado un lugar especial en el infierno, en el rincón de la ignominia donde van a penar los que claudican, los traidores, los farsantes que se enriquecen a costa del hambre del pueblo. Desde entonces, no se le ha visto en público, ha dejado el paso a su hijo Ricardo Gallardo Cardona, heredero de “la gallardía”, como suelen llamar impetuosamente al movimiento clientelar que crearon vía el reparto de garrafones de agua purificada y tortillas de baja calidad y precio. Del funesto diputado federal independiente nos ocuparemos en otra ocasión.

El caso es que ni Ricardo Gallardo Juárez pudo probar las corruptelas del gobierno de su antecesor Mario García Valdez, y tampoco Xavier Nava Palacios ha logrado acusar siquiera ante las instancias de procuración de justicia a funcionarios menores, que según las denuncias presentadas por el mismo candidato en la campaña electoral habrían maquinado un fraude de proporciones cósmicas. El alcalde Nava, heredero de una tradición familiar de lucha social y civilista, se ha rodeado de un club de lisonjeros que nublan su juicio y criterio. 

El alcalde Nava nombró en la contraloría municipal a José Mejía Lira, un viejo zorro en las lides políticas, siempre ligado a la burocracia, goza de un prestigio institucional, colaborador de administraciones diversas, nunca casado con una ideología, pero sí amancebado con un círculo social. Se esperaba mucho de él, menos las torpezas y traspiés con los que ha transitado el primer año del gobierno municipal. Su posición parece más la de un cobarde que se atrinchera esperando un milagro, que la de un general que avanza al frente de una columna. ¿Acaso será alguna amenaza de “la gallardía” lo que lo ha llevado a comportarse anodino?

El ayuntamiento contrató a diversos despachos jurídicos y contables para que de manera independiente los auxilien a resolver el grave rezago que se guarda con respecto de la entrega recepción y posible denuncia de las irregularidades detectadas a la administración anterior. Ricardo Gallardo Juárez esperaba estar más ocupado a estas fechas, la incompetencia de los funcionarios municipales le han permitido disfrutar a cabalidad la fortuna que amasó en los tres años al frente del gobierno municipal. 

Uno de los despachos contratados por el ayuntamiento de la capital, es del prestigioso abogado Ángel Candia Pardo, ciento cincuenta mil pesos por hacer una tarjeta informativa de cada expediente que algún pasante del despacho tuvo la gentileza de leer. Este es uno de sus casos donde sale más caro el caldo que las albóndigas. 

Xavier Nava mantiene viva la ilusión de ser candidato a gobernador por el partido acción nacional, aunque las cosas no han ido muy bien recientemente. Este es su momento y tal vez no se vuelva a presentar la posibilidad de aparecer como una de las figuras políticas con mayor proyección en el estado. En seis años las historia cambia radicalmente. Sin embargo, los ciudadanos, al igual que el presidente López Obrador, tienen otros datos, la inseguridad pública es algo que se padece sin que ninguna autoridad haga el menor esfuerzo por reducir su impacto, la escasez de agua ya es un problema agobiante y el organismo que preside un amigo cercano del padre del alcalde ha sido incapaz de paliar un poco la grave problemática que aqueja a los ciudadanos.

Por último, la inacción del gobierno municipal contra los funcionarios gallardistas dejan mal parado al presidente municipal, o es un mentiroso, o es un incompetente que no fue capaz de llevar siquiera a juicio a los delincuentes que saquearon el erario. 

Sea pues Xavier Nava Palacios, gazapo de pies lustrosos, amigo de poderosos que hacen negocios peligrosos, tienes una ciudad hecha pedazos y medio millón de humanos precarizados. 

@gandhiantipatro

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