Ya no se puede conversar en algún café, cantina o plaza pública sin referirse a lo que se escucha, lee u observa en redes sociales, lo teléfonos inteligentes forman parte de la cotidiana convivencia humana y animal.

La epidemia se extendió por el mundo con una voracidad increíble, insuperable, impostergable, la gente necesita estar “conectada” del mundo. Como si del oxígeno se tratase, los seres razonables están prestos al sonido característico de las notificaciones, son órdenes que las personas atienden diligentemente. La angustia por saber si es una noticia buena, mala o intrascendente detiene la plática, alguien revisa su teléfono y el resto, aprovechan para revisar los propios, no vaya siendo que algo haya sucedido mientras ellos se distraen en vivir. Confirmar el origen, la naturaleza del mensaje, su posible urgencia y relativa importancia toma algunos minutos, más que suficiente para interrumpir la rutina con un lapsus brutus colectivo.

No importa la condición económica, status político, régimen social o religioso, incluso género o edad, todos estamos conectados, unos más que otros, pero todos abrevamos de ese inmenso río de porquería que arrastra en su caudal, los desechos emocionales del mundo.

El cotilleo, forma parte esencial de la tradición oral, tal vez Homero se sentaba a escuchar las irredentas ambiciones de los héroes griegos, la ufanas ilusiones de los dioses del Olimpo por hacer su voluntad con el destino de los hombres y algunas desafortunadas mujeres. Los versos famosos que narran las andanzas de Aquiles y Odiseo, no son más que la deliciosa narrativa de un genio que por su maestría y graciosidad, convierte un pleito de infieles en la aventura épica más famosa de la historia de la humanidad. La cólera del héroe será motivo para discernir sobre la gratitud, la herencia, el prestigio, el honor, la lealtad y la buenaventura que los dioses arrojan -obsequiosos- a los que se han ganado su protección.

Aviesos a la historia humana, las caprichosas deidades trasladaron la disputa de los agravios personales a la desventura de los humanos, haciéndolos pelear interminables guerras tribales por cualquier nimiedad. En cierta forma, es una tradición cultural que inaugura un estilo que los humanos aprendieron y persiste hasta nuestros días.

Ahora que los dioses han muerto y en el mejor de los casos fueron sustituidos por semi dioses bondadosos y complacientes, el discurso se vuelve sosegado, se alimenta de la tragedia y se asume con total resignación como parte de un todo que debe cumplirse para lograr el fin esperado.

Los nuevos Dioses hablan con los humanos a través de los aparatos, nunca en la historia existió la posibilidad de interacción más eficaz que la actual, gracias a la tecnología la voluntad del señor podrá ser acatada con inmediatez y precisión. La gente no necesita ver a Dios, basta con escuchar el sonido que anuncia la notificación, los humanos inclinarán sus cabezas al unísono practicando la proskynesis, la reacción, casi siempre es sincronizada, la pantalla se ilumina y el rostro también, la gesticulación advierte; sorprende; asusta; al interlocutor ausente.

El mundo se quedará sin agua; ya no hay alimentos; un meteorito podría destruir la tierra; descubren exoplaneta capaz de albergar vida; el calentamiento de la tierra es una realidad; podría realizarse el primer trasplante de cabeza; el mundo se asoma al abismo a través de los teléfonos inteligentes.

Los humanos son, ahora más que nunca y como en ninguna otra etapa de su efímera existencia vulnerables a las creencias, leyendas y fantasías. Los hay desde los que imaginan a la tierra como un inmenso platillo gigante, flotando sobre la nada en el infinito universo, hasta los que añoran la reconstrucción de un templo destruido dos ocasiones antes.

Ahora que los dioses se encuentran inermes antes sus creadores, el destino de los seres humanos está sellado, la puesta en marcha de un plan global que los llevará a su extinción. Sólo sobrevivirán los nuevos dioses que habrán de repoblar la tierra y harán renacer la especie.

Los nuevos mitos podrán reconstituirse en una nueva fe, el dogma más puro y nítido se cimentará sobre las ruinas morales de las viejas estructuras éticas y filosóficas.

Sea pues ciudadanos del mundo, asidos a un aparato inteligente que roba la memoria y la creatividad, no cierren los ojos porque podrían morir.

@gandhiantipatro

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí