Alejandro Zermeño Guerra se aproxima a su primera turbulencia política desde que asumió recientemente la rectoría de la universidad autónoma de San Luis Potosí. El personaje se ha esmerado por hacer un poco de propaganda y advertir que los vientos del cambio han llegado a la ¨máxima casa de estudios¨. Después del sabor amargo que dejó el anuncio de quienes serán sus funcionarios más allegados, se vio desprovisto del manto de sobriedad, honestidad y rectitud que lo vestía. La ratificación del tesorero con quien guarda una parentesco, dos impresentables lacayos que emergen de las miasmas del rectorado de Mario García Valdez y el secretario de del ayuntamiento del funesto Ricardo Gallardo Juárez, quizás el alcalde más cínico e impune que haya gobernado la capital del estado.

Marco Antonio Aranda hasta el momento no ha tenido la posibilidad de mostrar sus dotes histriónicas, la temporada de pandemia les permite a las autoridades transitar sobre un piso falso, los conflictos persisten y están ahí acumulándose bajo la alfombra. Pero por mucho que se quiera cubrir las esquinas filosas, los viejos resabios de rencillas antagónicas laten bajo la piel como un miedo larvario que amenaza con brotar en el momento menos apropiado. Casi siempre la pudrición se manifiesta cuando el tejido ha sido consumido, y se desborda la pestilencia después de la comezón, cuando alguien apachurra en el lugar preciso. Aparece la pus.

En el ciclo maldito cuatrienal, el ritual establece que el rector, ya sea recién electo o reelecto, elige dentro de sus preferidos al colaborador más servil o el aliado más abyecto para encabezar las direcciones de las facultades en que se divide la universidad. En ocasiones muy extrañas y raras, ha sucedido que llegan a la dirección de alguna escuela mujeres u hombres que resultan ser un ejemplo de compromiso y convicciones, pero son tan esporádicos que pasan desapercibidos pues la honestidad manifiesta es algo que compromete todo el sistema, máxime si hablamos de una institución marcada históricamente por la corrupción, el compadrazgo y la impunidad.

El rector Zermeño olvida que para ser director de la facultad de medicina tuvo que pasar por la puerta de la ignominia que existe en la oficina de rectoría en el edificio central. Todo aquel que va solicitar un empleo o ascenso debe atravesar un umbral que no mide más de cincuenta centímetros de altura. Requisito sine qua non para ganar la confianza del sátrapa  y refrendar la lealtad. Tal vez, asistido por un ejercicio de introspección es que decidió desprenderse de la facultad omnipotente que le permite decidir el contenido de las ternas de cada escuela y que serán presentadas al consejo directivo universitario en el mes de junio para ser electas.

La decisión de conceder a los consejos técnicos de cada escuela la indelegable facultad de nominar la terna, es un acto de propaganda, pretenciosamente Zermeño se presenta como un demócrata pero a la vez, se desprende del compromiso que asumió con los directores o consejeros maestros que le dieron su apoyo en el convulso proceso que lo llevó al poder, al igual que él tenía ambiciones políticas, también los que lo apoyaron. No hay amor sin interés. 

El acuerdo mediante el cual se establece de forma muy rudimentaria que serán los consejos técnicos quienes recibirán las propuestas para integrar las ternas adolece de un mínimo de certeza jurídica. Increíble que a pesar de tener como empleado a un ex magistrado del supremo tribunal de justicia de San Luis Potosí, no le haya encargado una revisión somera del panfleto. Solo para evitar que se ¨judicialice¨ el proceso por pifias y descuidos.

En los considerandos enunciados del uno al siete del acuerdo administrativo, el rector establece ociosas condiciones de higiene que deberán observarse ineludiblemente para llevar a cabo las sesiones tanto de los consejos técnicos de cada escuela y la del ¨h¨ consejo directivo universitario. En el inciso primero de la fracción octava del acuerdo de marras, el rector concede a los consejos técnicos la facultad para decidir ¨libremente¨ la fecha en que se llevaran a cabo las sesiones ordinarias o extraordinarias. El texto establece la premisa de que apenas iniciado el mes de junio ¨los convocantes de los CTC¨ sean convocados, pero no precisa fechas, y dado que el consejo directivo universitario también tiene hasta el último día del mes para resolver sobre las ternas, deberían procurarse dejar el tiempo suficiente de margen. No vaya siendo el diablo.

El inciso segundo de la fracción octava a la letra reza: los CTC, deberán estar abiertos a recibir propuestas de los miembros de su comunidad o proponer por si mismos a aquellos que cumplan con los requisitos mínimos estatutarios para aspirar a la dirección de la entidad académica de que se trate.

Así de rabón el texto, adolece nuevamente de certeza jurídica, cualquiera que reúna los requisitos mínimos que marca el estatuto orgánico podrá auto proponerse o esperar que ¨por si mismos¨ alguien del consejo técnico lo sugiera y registre. Cuando el rector en su acuerdo se refiere a que los CTC deberán estar abiertos, se refiere a que estén alejados de prejuicios o que las oficinas para registro estarán abiertos en un horario determinado para recibir a los aspirantes con su documentación en mano. No es bueno dejar las cosas a la interpretación. El potosino es muy poco ¨interpretoso¨ y harto mañoso.

El inciso tercero se destaca por contener un error ortográfico y precisa que los directores que tienen cuatro años en el cargo pueden relegirse si el pueblo los aclama y el CTC los favorece. Así lo dice el artículo 45 del estatuto orgánico.

En el inciso cuarto comienza lo sabroso, los CTC integrarán y acordarán una terna que ¨a su criterio¨ sean los indicados para ocupar el cargo, pero no establece parámetros. Ante la ausencia de norma específica, podrían incurrir los consejos técnicos en actitudes arbitrarias que vulneren los derechos de los académicos que suspiran por el cargo, algunos de ellos, solo se registrarán para ¨hacer la mosca chillar¨ y tratar de sacar raja política. Que casi no les gusta.

El inciso quinto se ocupa de lo impredecible, si por alguna extraña razón  hubiera mas de tres propuestas y ello evitase el consenso, el gran jefe resolverá tomando en consideración todos aquellos que se encuentren registrados para una vez más devolver al CTC la terna para que la validen ¨voluntariamente¨ y se haga el cambio de mano. Algo similar sucederá según el inciso sexto, en caso de que no se registren los candidatos necesarios para ajustar la terna, el rector anotará el tercer nombre.

El séptimo punto de la fracción octava del acuerdo, en verdad asusta, habla sobre los medios de impugnación, los únicos que podrán impugnar una propuesta de la terna serán los encargados de registrar y aprobar la misma, los consejos técnicos. La única condición impugnable es la falta de los tres requisitos o alguno de los que establece el estatuto orgánico. Y aunque parezca una consideración muy idiota, no va faltar algún consejo técnico que valide la propuesta de un candidato inelegible y después lo impugne. Aunque el acuerdo no dice ante quien se impugnará, si ante el rector, los CTC o el consejo directivo universitario.

Señoras y señores, el rector Alejandro Javier Zermeño Guerra ha declarado recién inaugurados los juegos del hambre y no tiene la más furcia idea de la bestia que acaba de liberar. 

Gandhi Antipatro

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