Por Adriana Ochoa

Caballada de palo

Tiempos electorales y tiempos de funcionarios estatales que piden licencia para irse a pelear en las urnas un cargo político, con el aval o hasta el impulso claro del gobernador. Sucedía en otro tiempo, ahora no hay mucha seguridad de que ocurra. No en el PRI de Carreras. 

Se supone que en la semana que arranca este lunes, y hasta el sábado 31, los funcionarios de Gobierno del Estado con aspiraciones a una candidatura para las elecciones del año próximo deberán separarse del cargo

A diferencia de otras ediciones de este sexenal episodio, no se avizora un oleaje de pretensiones electorales de los colaboradores de Juan Manuel Carreras López, no al menos por el partido que cabría esperar fuese el vehículo legal para hacer la campaña. 

No hay a la vista envalentonadas licencias en pos de una aspiración. Y si las hay, se prevé que tengan una coloratura muy distinta a ese orgullillo tricolor de otros tiempos, con pisada segura. La expectativa más extendida es que los que los colaboradores de Carreras que soliciten la licencia será para hacer el coro de una melodía electoral plana, tristona y hasta fúnebre por el sacrificio político que ya se ve. 

Al jefe real del priismo en San Luis se le fue el sexenio sin dibujar al menos el patrón de un solo nuevo cuadro. Ningún estatuto partidario lo dice, pero es una obligación política de todo jefe real de partido, una especie de legado para futuro de la organización política donde se milita. De entusiasmar y reclutar a nuevas caras para el PRI, Carreras no entusiasmó a nadie. El priismo que hay a su alrededor emergió en otras jefaturas estatales del partido.

Está su amigo de siempre como jefe formal del PRI, Elías Pesina. Le toca pluri local para cuidar el llamado “séptimo año” de Carreras. Mirar más de una plurinominal para el tricolor en el próximo Congreso del Estado se antoja a los propios priistas una apuesta de riesgo muy alto. Sería bueno que don Elías ocupara el lugar dos de la lista, ceder el primero a una priista, a ver si así se esfuerza un poco más en el esfuerzo electoral que viene y el PRI demuestra que se toman en serio la equidad de género sin tasas ocultas.

El secretario de Organización, Edmundo Torrescano, hace labor por el distrito XI, con sede en Cárdenas, una aspiración muy complicada y en donde el PRI no es el gran competidor.

La baraja priista de Carreras para la gubernatura, toda la que se ha expuesto en suposiciones, tampoco genera grandes expectativas. Hay priistas de una gran convicción y trayectorias muy respetables, pero muy lejos del perfil que pudiera ser competitivo. Nada se hizo por contrarrestar, o por lo menos atenuar, la percepción generada tras los resultados de 2018: para 2021, el candidato que el PRI juegue a la gubernatura, irá en calidad de manteca vegetal hidrogenada, el sucedáneo que nos venden en los pastelillos industriales como “relleno cremosón”. Obvio: no es nada edificante para un priista de trayectoria el coronar su carrera política con una candidatura a la más alta magistratura del Estado, sí, pero como señuelo para la temporada de patos.

Por algo el secretario de Gobierno, Alejandro Leal Tovías, informó a reporteros a media semana que ningún funcionario o funcionaria había “levantado la mano” para separarse del cargo con la idea de participar en procesos electorales, mucho menos presentado licencia para hacer efectivo el trámite.

Las verdaderas aspiraciones priistas van enfocadas a los espacios plurinominales más seguros, que ante el panorama actual repartido entre Morena y el PAN, se antojan como pequeños islotes de tierra firme en medio de mares de nada. Y ningún político quiere ir a la nada en la próxima elección. 

Pelear diputaciones federales tampoco está fácil para los tricolores. Mantener las que ya se tienen, aunque les cause tanto ruido el cenecista Óscar Bautista, es una meta de base mínima pero algo realista. A partir de ahí, lo demás es tierra para conquista con mucho aplomo. Es en este tema en donde empiezan a soltar burbujas versiones de un acuerdo con otros partidos, sí, uno donde precisamente los distritos III (Rioverde) y I (Matehuala), son para el PRI

Para la alcaldía capitalina, el PRI ya jugó en la pasada elección con una candidatura testimonial. Para la que viene menos se formaron cuadros, ninguno. Tal vez importen a un empresario con algo de pátina priista. Las apuestas con más expectativa de rentabilidad electoral del PRI no estarán en los municipios de mayor población, a menos que en efecto “negocien” espacios con otras fuerzas políticas.

Los resultados electorales recientes en Coahuila e Hidalgo hicieron ilusión a los priistas locales, pero las historias del otrora partidazo en esas entidades son otras. De ahí han salido dirigentes nacionales del tricolor en tiempos recientes y poderosos funcionarios federales de primera línea. Nada que ver con las enflaquecidas cuadras tricolores en San Luis. La caballada no sólo está flaca, también está deprimida, reumática y ateroesclerótica. Un carrusel tricolor de caballitos de palo. 

Desde luego, el PRI tiene que registrar candidatos para alcaldías, todas, y para las diputaciones de mayoría, pero nada que ver con otros tiempos. Sexenios atrás, estos episodios hacían muy notorio el proyecto político de un gobernador, los hubo incluso que dejaron como sucesor a quienes ellos impulsaron, por encima de otras opciones con respaldo federal. 

En el sexenio pasado, el proyecto del PRI fue el del saliente secretario general, Cándido Ochoa Rojas, quien negocio y dibujó la mayoría de las curules PRI-verdes. Si acaso, al candidato Carreras sólo le dejaron para negociar con el Panal la diputación por el distrito XV, pues no habían previsto la suma de Nueva Alianza al proyecto carrerista.

Podremos saber en los próximos días entonces si de nuevo es el secretario general quien impone su proyecto político por cesión del gobernador, por descuido o por puro desinterés en el tema. No necesariamente sería un proyecto priista, que eso ya lo temen conspicuos tricolores. O bien, conocemos ahora sí el accionar político partidista de Juan Manuel Carreras y si se mantiene que el PRI que jefatura… o es con otro partido.

Rollos sueltos

FATAL ACCIDENTE. Hace dos domingos, un ciclista de 77 años, deportista master, tuvo un accidente de consecuencias fatales cuando circulaba por la ciclovía de Carranza. Una zanja abierta le hizo perder el equilibrio; el hombre cayó, se golpeó la cabeza con un borde de cantera y murió más tarde en el IMSS. La excavación en el concreto no tenía señalética.

¿TRATO HUMANO? La reacción inmediata de un tipo que dijo trabajar en el Implan, fue ordenar que pusieran la señalética de inmediato como si siempre hubiera estado ahí y gritonearle de muy mal modo a familiares del ciclista y personas que lo habían auxiliado. Estuvo todo el tiempo a la defensiva y en actitud de tratar de minimizar las lesiones. El ciclista sufrió fracturas en la cara y un proceso inflamatorio severo.

QUE PAGUEN. Es tradición en México que las autoridades no se responsabilizan de accidentes relacionados con descuidos que son su responsabilidad. Cuando mucho, pagan ponchaduras y parte de los daños en automóviles por baches y registros abiertos; el afectado debe pasar por un trámite pastoso. A nuestros diputados jamás se les ha ocurrido algo que en otros países es de cajón y sin alegadera tramposa: pagar los daños causados por infraestructura pública defectuosa e indemnizar a las víctimas.

¿QUÉ CABÍA ESPERAR? En las comparecencias, a nuestros diputados se les alborota el afán por entregarnos muestras inobjetables de que pensar no se les da muy bien, la educación tampoco es lo suyo y confunden los triciclos con las sartenes para buñuelos. Con todo eso como advertencia, de verdadera pena ajena el trato vejatorio, machista y de linchamiento pandilleril que le dieron a la titular de Salud, Mónica Rangel. Y todavía más penoso que casi toda la bancada oficial se quedara en la pasma, chiflando al cielo; la excepción fue la diputada Patricia Silva Celis. El diputado Govea le vaticinó a Rangel que la dejarán sola al final del sexenio; se equivoca: la secretaria de Salud ya está políticamente sola, con todo lo que eso implica para su jefe el gobernador.

NO ES UN DÍA DE CAMPO. Cierto, a una comparecencia no se va a recibir porras, pero tampoco es un juicio sumario. Se va a señalar fallas con datos y pruebas a la mano, y a sacar las dudas, no a insultar ni a linchar, tampoco a ganar reflectores histriónicos. Dieron un espectáculo justo a su altura, en especial la diputada de Morena que fue a contar un dramón con ella de protagonista enferma de covid, como Dama de las Camelias desatendida y tirada en el suelo de un hospital (literal). Sí, estuvo en un hospital de Salud, pero se le atendió en otra condición muy distinta.

EL CONTRASTE MACHISTA. Con el titular de Seguridad Pública, los cuestionamientos de los diputados más rabiosos de la sesión anterior, Edgardo Hernández y Ricardo Villarreal, fueron más cautos, sin insultos, sin tonito sobrado.

DEJAR DE SER. Si la señora Rangel debe algo, hay instituciones que le aplicarán una sanción. El tiempo para dejar de ser está escrito para ella y para los diputados de esta legislatura. E historias de diputados que llevan muy mal el dejar de serlo conocemos muchas.

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