Las elecciones presidenciales de este martes llegan precedidas de una movilización popular sin precedentes

 Estados Unidos, la gran potencia mundial, comenzará a definir este martes su futuro, en el final de un largo proceso electoral que propone una opción muy clara: o es Donald Trump o es Joe Biden. Y los dos no podrían ser más diferentes.

La elección que determinará si el republicano Trump suma otros cuatro años en la Casa Blanca o Biden recupera el gobierno para el Partido Demócrata despertó un entusiasmo ciudadano con escasos precedentes: 100.263.529 estadounidenses apelaron al voto por correo o al sufragio presencial adelantado, una cifra inédita en un país en el que sufragar no es obligatorio. Los medios locales estiman que este martes se sumarán 50 o 60 millones de votos más. Hace cuatro años, cuando Trump derrotó a Hillary Clinton en el Colegio Electoral, el total de votantes fue de 139 millones.

“¡Se trata de votar por la verdad o la mentira!”, dijo Biden en uno de los actos finales de cierre en Pensilvania. “¡Se trata de no darle el poder a todos estos políticos corruptos de Washington!”, lanzó Trump en Wisconsin, en la penúltima escala de un día extenuante en el que hizo cinco actos en cuatro Estados diferentes.

Mientras Biden, que presume de sus orígenes humildes, sumaba a Lady Gaga en el día final y el multimillonario Trump bailaba YMCA de Village People en una noche helada en el norte de Estados Unidos, los medios se posicionaban y marcaban el contraste entre los candidatos más veteranos en disputar una elección presidencial. Trump tiene 74 años, y Biden tendrá 78 si el 20 de enero se instala en la Casa Blanca. La campaña, que pone en juego también la mayoría republicana en el Senado y la demócrata en la Cámara de Representantes, fue áspera hasta el último instante.

Biden fue vicepresidente de Barack Obama entre 2009 y 2017, y lleva como compañera de fórmula a Kamala Harris. Si los demócratas ganan, Harris, de padre jamaiquino y madre india, se convertirá en la primera vicepresidenta mujer en la historia del país. Trump, que insiste en presentarse como un “outsider” de la política, vuelve a apostar por Mike Pence, ex gobernador de Indiana y su vicepresidente en los últimos cuatro años.

El demócrata propone unir al país y recuperar “el alma de la nación”, mientras que Trump promete “seguir haciendo grande a los Estados Unidos”, una actualización de su exitoso lema de 2016, “Make America Great Again”. Esta mañana, en una entrevista con la cadena Fox, el presidente prometió que no declarará su victoria antes de tiempo: “Si hay una victoria, creo que la tendremos, pero sólo (me declararé ganador) cuando la consigamos, no hay razón para jugar juegos. No sé cuáles son las posibilidades, pero tenemos una sólida posibilidad”.

“O libertad o encierro. Una victoria más y podremos preservar este país”, sintetizaba en Fox News Laura Ingraham, una de las periodistas conservadoras más populares. “Me temo que vamos a la primera transferencia de poderes fallida en nuestra historia. Hace 20 años Al Gore decidió recibir una bala por el bien del país. Trump le va a meter la bala al país”, aseguró Thomas Friedman, columnista del “New York Times”, durante una entrevista en CNN.

Ya en los primeros minutos de la madrugada del martes, Trump cerraba la campaña en Grand Rapids, Michigan. Más allá de atacar a Biden, apuntó también a “Barack Hussein Obama” y a la “mentirosa” Hillary Clinton. A Trump, que divide profundamente a los ciudadanos de su país y al resto del mundo, no se le puede negar la fuerza que le puso a la campaña, una fuerza que le generó dividendos: llegó al día de la elección cambiando la idea de una amplia ventaja de Biden e instalando la de una carrera cabeza a cabeza.

Con la pandemia del coronavirus tomando renovada fuerza, la división entre los estadounidenses es profunda. Tanto, que los paneles de madera cambiaron el paisaje de las principales ciudades del país. El temor a brotes de violencia en la noche de este martes y en los días posteriores es fuerte. En prevención, comercios, restaurantes, bares, oficinas y hoteles protegieron sus puertas y ventanas con los paneles de madera prensada. En la noche del lunes, la Casa Blanca fue rodeada completamente por una elevada valla inviolable.

El día de las elecciones llega tras dos meses frenéticos en los que sucedió de todo. Se celebraron tres debates -dos presidenciales y uno vicepresidencial- y Trump se contagió de covid y se recuperó a toda velocidad tras recibir un tratamiento experimental. Se abrió además una vacante en la Corte Suprema ante la muerte de la jueza progresista Ruth Bader Ginsburg. que Trump logró cubrir velozmente con Amy Coney Barret, una jueza conservadora.

Fue la Corte Suprema la que definió aquella elección de hace 20 años entre Bush y Gore. Con Barret, Trump logra una teórica mayoría conservadora de 6-3 en ese tribunal. Esa ventaja podría jugar a su favor si la elección se judicializa.

Y hubo más en estos dos últimos meses: el “New York Times” publicó una investigación que revela que Trump prácticamente no pagó impuestos en los últimos años, el presidente logró que Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Sudán firmaran la paz con Israel.

Ninguno de estos temas demostró tener un gran impacto en las encuestas, que hace cuatro años no detectaron el fenómeno Trump en toda su dimensión. Clinton tuvo tres millones de votos más, pero perdió en el Colegio Electoral, que es donde realmente se decide la presidencia de los Estados Unidos: 538 hombres y mujeres que, con el 14 de diciembre como fecha límite, decidirán el próximo inquilino de la Casa Blanca.

Y esos electores se determinan en función de la representación legislativa de cada Estado: California aporta 55, Texas 38, Florida 29, Pensilvania 20 y Wyoming 3. Salvo en Nebraska y Maine, el que gana el Estado se lleva todos los representantes para el Colegio Electoral. Ni Biden ni Trump hicieron campaña en California, profundamente demócrata, o Alabama, netamente republicana. Así, los candidatos insisten en aquellos Estados en los que verdaderamente hay pelea. En 2020, eso significa la región de los Grandes Lagos, en el norte, y Florida, Georgia, Texas y Carolina del Norte, en el Sur.

El comportamiento de las redes sociales estará también en la mira en una noche de alta sensibilidad no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. No hay país que no se vea afectado por el resultado de esta elección, tan grande es la influencia de una potencia que tiene 800 bases militares repartidas en 80 países. Este martes, con el comienzo del fin de un proceso electoral sin precedentes, Estados Unidos decidirá, entre otras cosas, que mensaje le da al resto del planeta.

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