Las voces viperinas

La mayor soberbia, y la mayor abyección, son la mayor ignorancia de sí mismo. Baruch Spinoza.

Antes de comenzar el periplo de sesenta días de campaña, la elección municipal en la capital del estado de San Luis Potosí ya tiene dos finalistas, Enrique Galindo Ceballos y Xavier Nava Palacios, de Leonel Serrato Sánchez se sabe poco, el candidato del partido verde no ha logrado contagiarse del entusiasmo de las huestes gallardistas. Son pocos pero muy locos.

Sin menospreciar las contiendas municipales en otros ayuntamientos importantes, la elección en el área metropolitana de la ciudad capital podría definir el rumbo de la contienda para gobernador del estado. A pesar de que la sombra de las impugnaciones acecha la frágil candidatura de Nava Palacios, lo cierto es que a Mónica Liliana Rangel le beneficia que providencialmente apareciera un candidato competitivo en la capital del estado, de no ser así, ella tendría que haber generado una opción, y con las manecillas del reloj corriendo al revés, mucho hace para mantenerse por encima de Ricardo Gallardo Cardona en las encuestas serias.

En esta nueva modalidad de arrancar los eventos públicos en el primer minuto que la ley permite hacer campaña, los candidatos convocaron a sus seguidores a un trasnochado mitin, Nava Palacios habilitó la clausurada plaza de los fundadores para realizar un sombrío mitin con mil sillas guardando la “sana distancia”, discursos melosos y una canción cursi como jingle, la argumentación de los hablantes – parlantes que se esmeraron en justificar la confusión de ideologías y la congruencia de los actos recientes.

Es difícil tomar en serio a Morena, cualquiera que se hubiera perdido los eventos recientes se mostraría sorprendido, perturbado o asqueado de encontrarse al ex alcalde panista y la secretaría de salud del gobierno priísta hablando pestes de los gobiernos neoliberales y exaltando las bondades de la cuarta transformación. Acorazados por un chaleco guinda que dice “morena”, Nava y Mónica Liliana levantan la vista para colocarla en el infinito y poder engullir más sapos. Hasta que se observa gráficamente se puede percibir en su exacta dimensión lo absurdo de la situación.

Un intento fallido por exponer al contrincante Enrique Galindo como un genocida criminal de guerra quedó en manos de un pelele que citaba a Gramsci como si lo entendiera, entre balbuceos pretendió explicar que ese masacote de grupos que ahora convergen en Morena son algo razonable y hasta defendible. Como si existiera un mínimo de identidad entre las facciones y pequeñas mafias que se agrupan ahora, todos con intereses diversos y distantes.

Quién será el síndico municipal en caso de ganar Nava era hasta hace poco un férreo defensor de la Sierra de San Miguelito, tres Doritos después, ahí está en el tapanco saludando a las multitudes del brazo del títere de los desarrolladores inmobiliarios que han especulado por décadas con los terrenos de la Sierra. Óscar David Reyes Medrano representa la izquierda de México a la perfección, poco representativa, dislálica y siempre en oferta.

El apóstrofe de Navita sin contenido, se esmeró por exaltar los logros de su administración panista, parecía un informe de gobierno municipal, el público, para esas horas de la madrugada, ya modorros y entumecidos correspondían al discurso flatulento con brevísimas secuencias de azote de palmas.

Por su parte Enrique Galindo Ceballos fue a mear las esquinas de la plaza más significativa del navismo, tequis. El barrio donde nació y creció la estirpe del doctor Salvador Nava Martínez se vio invadida por banderas tricolores, blanquiazules, naranjas y amarillas. Si bien no hubo acarreo descarado, estuvo muy bien organizado. El ex policía tiene un discurso lineal, sin sobresaltos, acaricia las texturas y no sabe dar pausa a los aplausos. Está enamorado del sonido de su propia voz el “maestro Galindo”.

Fuera de su oferta de pacificar las calles y dar tranquilidad a los potosinos, Galindo ofrece lo mismo que todos, promesas traslúcidas, etéreas, casi, casi, fantasmales.

Siempre afirma contar con un equipo de expertos en cualquier área del conocimiento humano, eso habría que verlo. Lo único que sí trae es mucho dinero de orígenes desconocidos; la clara intención de gastarlo en menos de dos meses; y el deseo insaciable de poder. Le favorece el desgaste natural de su principal contrincante pero si se confía, los simuladores panistas y priístas lo dejarán vestido y alborotado.

El tercero en discordia aparece rezagado, Leonel Serrato Sánchez, el único que tenía algo que decir y ahora, mucho que callar. Será interesante acaso, verlo revolcarse en sus palabras como si fuesen “miasmas”, justificaciones disfrazadas de argumentos, hipérboles que se lleva el viento.

Seguramente será en un tablado donde estarán Ricardo el “pollo” Gallardo Cardona y Leonel Serrato Sánchez, enemigos hasta hace poco y unidos por la necesidad del respeto que la política concede, ahí se dirán y se justificarán las “agraviosas” arengas del pasado, las peroratas de Leonel sin duda son de lo más esperado en este año electoral, puede que nadie le creerá, pero muchos desean ver como se esfuerza por intentarlo. Porque se sabe que Leonel sufre y no hay nada peor que el repudio de un público despechado.

Leonel sale como tercero de la contienda y no esperábamos mucho de él, su labor es distractora, hará el sacrificio para que su nuevo amigo el “pollo” sea gobernador. Será recordado como aquél personaje que en cada capítulo de la serie épica “combate” se arrojaba sobre la granada para proteger a los verdaderos héroes de la serie televisiva. Después de ser derrotado el seis de junio, pasarán un par de meses para que toda la ciudad se olvide de que siquiera existió. Sea pues San Luis Potosí, pueblo chocante, eres la solemnidad de un agasajo ambulante, la bendición del maligno aberrante, ave de mal agüero que se desgañita delirante, eres ruin y sicofante.

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