La balada del patán

El que a dos amos sirve, con uno queda mal. dicho popular.

“A cada parroquia le llega su fiestecita” -reza el refrán-, los potosinos aún absortos, acobardados, angustiados por la impepinable realidad, aguardan el día del juicio final. Falta una semana para la elección del seis de junio y la simple posibilidad de ver al partido verde hacerse con el poder, provoca ese breve pero cadencioso escalofrío en el espinazo de los hablantes y oyentes que redundan y abundan con el afán de que algo nuevo pase, pero no pasa nada.

Ricardo Gallardo Cardona hizo todo bien en esta campaña, bajo los estándares tradicionales de las formas mexicanas de hacer política, no hay duda que se prepararon y asesoraron con profesionales. La fotografía oficial, con un Gallardo más “blanquito”, era de manual, claro, sin cometer el error de Sonia Mendoza Díaz que seis años atrás, pretendió convertirse en una auténtica “whitexican” antes de que se inventara el término. En ese momento la perfecta analogía sería la de Sonia la “garbancera” en evidente alusión al personaje destacado por Posadas en sus grabados y que después Diego transformaría en la catrina estilizada y pretenciosa.

En tiempos de crisis no se hacen experimentos, la aberrante “morenitud” de Gallardo representaba el principal obstáculo para construir una opción viable de triunfo a partir de la endeble presencia física del “pollo”. Sin alguno de sus vehículos caros a la vista, sin su séquito de guaruras y lacayos, el personaje en cuestión parecería alguien extraviado, recién llegado a la ciudad y con un vocabulario que redunda sobre 120 palabras y sin frases complejas.

Curiosamente, sus limitaciones intelectuales es lo que más le resulta agradable y encantador a un sector poblacional desfavorecido por el sistema económico y político de corte neoliberal, allá en la periferia de las urbes, donde están los vertederos de seres humanos de los que hablaba Bauman crece exponencialmente la fascinación por Ricardo Gallardo, es el caldo cultivo perfecto para incubar un virus capaz de arrasar con la vida en este planeta o cualquier otro paraje cósmico.

La estrategia de las tarjetas de débito, no es nueva, funcionó con Alfredo Pelmazo en la elección para gobernador en el Estado de México, el INE lo permitió y ahora lo tolera, los criterios son diversos, para algunos solo representa una idea, es un mero simbolismo, para otros, ese pedazo de cartón es dinero, tiene un número de 16 dígitos como las demás tarjetas y la fotografía del candidato, no podría ser falsa, prefieren creer que un día después de la jornada electoral se activará mágicamente y habrá tres mil pesotes para llevar paz y alegría a su hogar.

La percepción que comenzó a sembrar el terror vino de la huasteca, fotografías continuas de los eventos multitudinarios del “pollo” en las pintorescas plazas del interior del estado, una tras otra, la zona media y por último el altiplano que es más difícil, dada su escasa concentración de población.

Desde el año pasado comenzó la campaña cuando la farsa del proceso interno del partido verde para designar candidato a gobernador, y solo se registró un aspirante, con ese pretexto, el pollo se lanzó a la fama con un excesivo gasto de propaganda y entre más gastaba, más le pedían. Después se detuvo un poco, para agarrar vuelo y tomar un respiro.

Volvió con nuevos bríos para el arranque de la contienda, había hecho nuevos amigos y aunque por un tiempo se vio interrumpido el flujo del dinero, producto de una serie de reacomodos en el grupo que lo apoya incondicionalmente, se habla de que estarán listos para la operación final. La veda electoral se utiliza para distribuir los recursos económicos para la movilización, y se compran las voluntades más reacias. Las campañas son pantomima, las elecciones se ganan o se pierden en los tres días anteriores a la votación.

Ya solo faltaba evadir el debate, concurrió al primero, con un formato estéril los candidatos se esmeraron en tratar de leer correctamente las tarjetas que alguna avezado asesor obtuvo de wikipedia. Gallardo se lució, porque nadie se esmeró en denostar su precariedad moral o su fascinación por las triangulaciones bancarias, quizás le temen.

Tal vez esperaban que otro u otra comenzase los ataques, se les peló el pollo, cumplió al primero y falló a los otros dos, ya no era necesario, la misma inercia de la contienda y el patético ejercicio de ver a nueve adultos pretendiendo tener las respuestas a todo sin acordarse de nada. Deslegitimaron el ejercicio y justificaron las ausencias.

Las redes sociales son ahora el vehículo perfecto para difundir propaganda o propagar rumores y noticias falsas, Ricardo Gallardo cuenta con tres equipos de personas, divididos en distintas áreas, con la única tarea de monitorear y generar contenidos diariamente en pro del candidato o en perjuicio de los adversarios. Cualquiera diría que la gente no define el sentido de su voto por lo que ve en Facebook, Craso error.

Si las personas lo único que ven y leen es determinada red social, por supuesto que influye en ellos lo que reciben, un individuo revisa su teléfono cerca de 50 veces en un día y solo para ver si hay algo nuevo, no es una reacción al sonido de una notificación que resulte familiar.

Evidentemente que si su única forma de informarse es la red social, tarde o temprano termina fagocitando al sujeto. De tal suerte que si Ricardo Gallardo advierte que no tolerará a los corruptos, y lo repite hasta el cansancio, y se replica exponencialmente, la gente podría terminar creyendo que lo hará, que no es uno de ellos y que además, nunca lo fue, y jamás estuvo preso por peculado.

A una semana de la elección, el gobernador Juan Manuel Carreras López mira el tablero y medita profusamente, “¿en que chingaos la cagué?” -no deja de preguntarse.

@gandhiantipatro

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