SANTA MARÍA DEL RÍO. – Más que una visita institucional, lo ocurrido en la comunidad de Ojo Caliente pareció un acto de promoción personal disfrazado de cercanía ciudadana. El diputado local por el Séptimo Distrito, Cuauhtli Badillo Moreno, emanado de Morena, acudió —según su propia versión— a “cumplir compromisos y escuchar de frente a nuestra gente”, aunque el escenario evidenció algo muy distinto.
En redes sociales, el legislador escribió que “cuando se trabaja con el corazón y junto al pueblo, la transformación no se detiene”. El problema es que el “pueblo” al que alude apenas alcanzó la decena de asistentes. Las imágenes difundidas por su propio equipo muestran un encuentro reducido, sin convocatoria real y sin el respaldo ciudadano que intenta proyectar en su discurso digital.
Para nadie es secreto que el diputado se encuentra en abierta precampaña, moviendo piezas con demasiada anticipación y aprovechando cualquier foro, por pequeño que sea, para posicionar su nombre. Lo que sí resulta cuestionable es el oportunismo: convertir reuniones mínimas en supuestas muestras de respaldo popular no es trabajo territorial, es simulación política.
Más allá de los mensajes grandilocuentes sobre la “transformación”, lo que se percibe es desgaste. La ciudadanía no es ingenua y sabe distinguir entre gestión genuina y promoción personal.
Si la convocatoria no responde y el entusiasmo no se siente, insistir en narrativas triunfalistas solo profundiza la desconexión.
El diputado parece no advertir que su estrategia luce desfasada. La política de redes no sustituye la legitimidad real. Y cuando el oportunismo se vuelve evidente, lejos de sumar simpatías, termina por generar hartazgo.















