TIERRA NUEVA. – El 22 de enero de 2015, el entonces presidente Enrique Peña Nieto inauguró el Acueducto El Realito como una de las obras hidráulicas más ambiciosas del país. Con un discurso cargado de promesas, se aseguró que el proyecto garantizaría el abasto de agua potable a cerca de 800 mil habitantes de la Zona Metropolitana de San Luis Potosí durante los siguientes 30 años.
Hoy, a menos de una década de su entrega, aquella promesa se ha convertido en un símbolo de fallas, colapsos recurrentes y un problema heredado para los gobiernos estatales.
El acueducto, que atraviesa los municipios de Tierra Nueva, Santa María del Río y San Luis Potosí, cuenta con tres plantas de bombeo y una extensión aproximada de 132 kilómetros.
Su construcción se realizó bajo un esquema de asociación público–privada, con una inversión que superó los 2 mil 700 millones de pesos, recursos que hoy contrastan con los constantes reportes de averías y suspensiones en el suministro.
Lejos de consolidarse como una solución definitiva, El Realito se convirtió en una fuente permanente de incertidumbre para miles de familias potosinas.
Las fallas estructurales, rupturas de tubería y paros técnicos se han vuelto tan frecuentes que ya no sorprenden a la población, que ha normalizado los comunicados oficiales anunciando un nuevo colapso y, con ello, días o incluso semanas sin agua.
Especialistas y autoridades han coincidido en que el problema es estructural: el material con el que fue construido el acueducto no es el adecuado para las condiciones del terreno, lo que hace indispensable una rehabilitación total, prácticamente una reconstrucción con otro tipo de tubería que garantice durabilidad y seguridad operativa.
Sin embargo, dicha solución implica una inversión millonaria adicional, que pone en entredicho la planeación original del proyecto.
Mientras tanto, municipios como Tierra Nueva siguen siendo testigos silenciosos de una obra que cruza su territorio, pero que representa más conflictos que beneficios. El Realito, concebido como emblema de modernidad y desarrollo, hoy es visto por muchos como un monumento al mal diseño, a la improvisación y a la falta de rendición de cuentas














