Entre los años cuarenta del siglo pasado, en Santa María del Río, surgió un proyecto orientado a preservar la tradición del rebozo, ante el riesgo de que este saber textil ancestral se perdiera con el paso del tiempo. Fue así como se impulsó la creación de la Casa de las Artesanías, un espacio que permitió a artesanas y artesanos trabajar, aprender y comercializar sus piezas.
Hace aproximadamente seis años, este esfuerzo se amplió con la apertura de la Casa del Rebozo, concebida como un espacio integral enfocado en la investigación, la preservación, la enseñanza y la demostración del proceso artesanal. En este recinto, el conocimiento se transmite principalmente a través de la memoria de maestras y maestros mayores, quienes comparten técnicas, diseños y saberes heredados de generación en generación.
El rebozo de Santa María del Río se distingue por su elaboración completamente manual, sin intervención de maquinaria, y por su carácter único, ya que no existen dos piezas iguales. Cada prenda refleja la experiencia, la cosmovisión y la sensibilidad de quien la teje. En su confección participan hombres y mujeres, aunque el rapacejo, la terminación de la prenda, suele ser realizado por mujeres debido a la precisión y dedicación que requiere.
Con el paso del tiempo, el rebozo dejó de ser únicamente una prenda de uso cotidiano para posicionarse como un objeto de valor cultural, asociado a la identidad y al trabajo artesanal. Quienes dominan este oficio describen procesos que pueden implicar hasta 200 pasos y varios días de trabajo continuo, aprendidos desde edades tempranas mediante la observación y la práctica.
A pesar de la presencia de productos industriales de menor costo, las y los artesanos de Santa María del Río mantienen la expectativa de que esta tradición se conserve. Mientras las familias continúen transmitiendo el oficio y reconociendo el rebozo como patrimonio cultural, la memoria textil de esta comunidad seguirá vigente.














