VILLA DE REYES. – La noche del pasado martes, el corredor carretero que enlaza la carretera 57 con el municipio de Villa de Reyes se convirtió, para variar, en escenario de alarma e incertidumbre para habitantes y automovilistas, luego de que se reportaran múltiples detonaciones de arma de fuego en distintos puntos de la zona. Lo que siguió fue una intensa movilización de fuerzas federales y municipales… y después, un prolongado silencio oficial.
De acuerdo con testimonios ciudadanos, los primeros disparos se escucharon en el entronque con la carretera federal 57 y, minutos más tarde, las ráfagas se extendieron hacia la comunidad de Laguna de San Vicente, donde el estruendo se mantuvo durante varios minutos.
El temor se apoderó de quienes transitaban por la región, muchos de los cuales optaron por resguardarse o modificar sus trayectos.
Elementos del Ejército Mexicano y de la Dirección General de Seguridad Pública Municipal acudieron al lugar, establecieron filtros, cerraron accesos y mantuvieron presencia durante varias horas.
Sin embargo, ahí terminó la actuación visible de las autoridades. A casi una semana de los hechos, no existe información oficial sobre lo ocurrido: no se han confirmado personas lesionadas, detenidos, aseguramientos ni las causas del despliegue.
El hermetismo, lejos de tranquilizar, ha generado molestia y desconfianza entre la población. En un contexto donde la seguridad es una de las principales preocupaciones, la ausencia de una postura clara por parte del gobierno municipal resulta alarmante. Ni un comunicado, ni una explicación mínima, ni un llamado a la calma.
En Villa de Reyes, el problema ya no es sólo la violencia que se percibe en las calles, sino la falta de transparencia y de rendición de cuentas. Cuando las autoridades callan, el miedo y la especulación ocupan su lugar. Y esa, sin duda, también es una forma de abandono institucional.














