El periodista y escritor, además amante de la historia, toda una leyenda urbana, Eduardo López Cruz, conocido como Calek (nombre que impuso a su publicación cuando era estudiante de la ahora Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí), es posible el nombre lo haya tomado de Caleb, de origen hebreo, probablemente relacionado con el hebreo (Kelev). Significa audaz y fiel. Por su terminología se interpreta como “impetuoso”, capaz de una reacción instantánea y eficaz. Falleció el viernes pasado, no logró sobreponerse a una enfermedad.
Nació el lunes 4 de agosto de 1969, como muchos, él pasó también por la redacción de El Heraldo, fue reportero, pronto su habilidad para escribir, su prosa fluida y amena le ayudó para sobresalir, siempre reportero de a pie, su talento, no la suerte ni mucho menos andar con los directores de los periódicos pidiendo firmas para que le regalaran un premio de periodismo, supo, con su talento, ganar la friolera de 10, eso habla de la capacidad del personaje.
A Calek le conocí en 1995, tres años antes, quien esto escribe, iba por segunda ocasión a formar parte del Jurado Calificador de los Premios de Periodismo, en el cuerpo colegiado estaba también Calek, como representante de San Luis Hoy. A propuesta de Eduardo López Cruz, recayó en mi persona la responsabilidad de la presidencia de dicho jurado. Sacamos buen trabajo, al menos (aparte de quienes ganaron) recibimos algunas felicitaciones. Su forma de analizar los trabajos presentados fue de todo un profesional.
Escribir de Eduardo López Cruz es escribir de un hombre apasionado de la historia, de su interés por dar a conocer, además, el real significado de las palabras, palabras que a veces usamos con demasiada frecuencia y desconocemos su origen, fue su columna de análisis semanal «Quórum». Con un equipo, al que se incorporaron otros buenos periodistas, fue uno de los fundadores del grupo editorial Librevía.
Estuvo dentro del cuerpo editorial de Grupo Milenio, para el proyecto de San Luis Potosí, que esperaba aterrizar Gustavo Barrera López, pero por cuestiones que no muchos conocen, la pretendida publicación de Milenio San Luis fue abortada, no se dio y el proyecto se canceló.
Calek escribió, entre otras obras; “Díganme si estoy mintiendo” y “Por debajo del agua”, “Lengua Larga”, “Luna para condenados”, “Caramelos y condones” y “Cuadernos para los cuadernos”. Todos con el sello que le caracterizaba; amenos y de excelente contenido, sin emplear frases rebuscadas y con lenguaje fresco y lleno de colorido. Es de reconocer que fue uno de los periodistas con más trayectoria y que, dado su trabajo editorial, de investigación, siempre será recordado con cariño por quienes le trataron, especialmente los reporteros de nuevo cuño que, en una u otra medida recibieron sus consejos para realizar su trabajo.
Sin duda, su conocimiento del idioma español era bastante profundo, además investigaba el origen de algunas palabras populares, cuyo real significado muchas veces la mayoría de la gente desconoce, él, desvelaba las dudas que hubiese, no improvisaba, sino explicaba el qué y el porqué de esas palabras que muchas veces se dicen o se escriben sin saber realmente que dicen. Su libro “Lengua larga” es un trabajo enfocado a responder a dudas sobre el origen y sentido de las palabras.
Fue conductor de dos programas, “Ahora que me acuerdo”, donde contaba la historia de nuestro estado, principalmente de esta capital (en alguna ocasión fui invitado, pero por cuestiones de trabajo decliné la invitación), otro programa que tuvo fue “Lengua Larga”, en este compartía lo que investigaba con respecto a nuestra lengua.
Fue un profundo conocedor de nuestra cultura popular. Era todo un tipo, dicen quienes tuvieron la fortuna de ser parte de su círculo de amigos, en lo particular solo algunas veces intercambiamos saludos, pero siempre fueron afectuosos, reconocemos la gran persona que era, simple, sencillo, sin adoptar las acartonadas poses de aquellos que se sienten intelectuales, aunque solo ellos lo creen.
La noticia de su fallecimiento, aunque de bastante gente era conocido que se encontraba bastante enfermo, no se esperaba tuviera tal desenlace, primero, como todo, fueron solo rumores hasta que, por fin, la noticia fue confirmada y la verdad es que al principio fue difícil de aceptar, pero, finalmente, se tuvo que reconocer la triste realidad. El buen Calek había partido para siempre.
Pero de Eduardo López Cruz nos queda, además de su recuerdo, su obra, sus libros, su ejemplo de lucha, para ser mejores cada día, porque él fue un autodidacta en el estudio de la historia de nuestro estado, por esos sus libros, sus investigaciones tienen aún un mayor significado.
Los historiadores urbanos sienten esta gran e irreparable pérdida, de un colega, pero más de un colega, de un amigo. Los periodistas también. A sus familiares y amigos, a todos aquellos que de algún modo estuvieron relacionados con Calek. Un sincero abrazo y pronta resignación.


