Hace unos días, Elon Musk anunció la fusión de SpaceX con xAI, valorada en 1.25 billones de dólares; pero más que tratarse de un simple movimiento de mercado, dijo que se trata del primer paso para construir una ciudad en la Luna con tecnología de última generación desarrollada por sus empresas.
Tras una serie de despidos estratégicos para “mejorar la eficiencia” de xAI, Musk dejó claro que su objetivo no es solo lanzar cohetes, sino sentar una infraestructura electromagnética que permita que la Luna se convierta en el puerto de salida hacia el resto del Sistema Solar.
Para ello necesita especialistas interesados en hacer de la ficción una realidad y construir mass drivers (impulsores de masa). A continuación explicamos en qué consiste este tipo de tecnología con la que el hombre más rico del mundo quiere conquistar la Luna (y después Marte).
¿Qué es un mass driver? La catapulta del futuro
Para quienes no están familiarizados con la astrofísica, un mass driver puede entenderse como una catapulta electromagnética gigante.
Solo que, en lugar de usar pólvora o combustible de cohete, utiliza potentes imanes para acelerar un contenedor de carga a lo largo de una pista hasta que alcanza la velocidad suficiente para salir disparado hacia el espacio.
La física detrás del mass driver
El sistema funciona bajo el mismo principio que los trenes de levitación magnética (Maglev) que ya operan en países como Japón o China. Mediante el uso de bobinas eléctricas, el contenedor ‘levita’ sobre un riel (eliminando la fricción) y es lanzado hacia adelante por impulsos magnéticos sucesivos.
En la Tierra, esta tecnología ya tiene una aplicación militar real. La Marina de los Estados Unidos utiliza el sistema EMALS (Electromagnetic Aircraft Launch System) en sus portaaviones de clase Gerald R. Ford para lanzar aviones de combate en pistas extremadamente cortas.
¿Por qué la Luna es el lugar perfecto?
Si ya tenemos esta tecnología en la Tierra, ¿por qué Musk quiere llevarla a la Luna? La respuesta reside en dos ventajas naturales que hacen que los lanzamientos sean casi ‘gratuitos’ una vez instalada la base:
Baja gravedad: La gravedad lunar es apenas el 16.6% de la terrestre. Esto significa que se requiere mucha menos energía para ‘escapar’ de su atracción.
Sin atmósfera: En la Tierra, un objeto lanzado a gran velocidad se quemaría por la fricción del aire (como un meteorito). En la Luna, al haber vacío, el objeto puede acelerar sin resistencia alguna.
Según el estudio fundacional coordinado por el físico de Princeton, Gerard K. O’Neill, para la NASA, esta eficiencia permitiría enviar toneladas de materiales al espacio por una fracción del costo de un cohete convencional.















