SANTA MARÍA DEL RÍO. – La Dirección de Deportes del Ayuntamiento de Santa María del Río parece haber dejado de ser una instancia para promover la actividad física y el desarrollo comunitario, para convertirse en un espacio utilizado con fines personales. Al frente de esta área se encuentra Marcos Edvaldo Faz Flores, funcionario que, lejos de mantener una postura institucional, acumula señalamientos por presunto conflicto de interés, decisiones parciales y un manejo discrecional de instalaciones deportivas municipales. Todo ello, bajo la aparente complacencia de la alcaldesa Isis Ayde Díaz Hernández.
Lo ocurrido durante la Copa Santa María 2026 terminó por encender nuevamente las críticas entre jugadores, equipos y aficionados. El torneo, que debería representar un espacio de competencia deportiva justa, quedó marcado por una polémica que muchos consideran una muestra clara de favoritismo. Durante el encuentro entre la selección de San Diego y el equipo Kamaradas —donde participa el propio director de Deportes— un apagón interrumpió el partido cuando el marcador se encontraba empatado y el conjunto visitante dominaba el juego.
El encuentro nunca se reanudó. En una decisión que ha sido duramente cuestionada, el pase fue otorgado al equipo en el que milita el propio funcionario municipal. Para los participantes, no se trató de una simple irregularidad logística, sino de un episodio que confirma lo que desde hace tiempo se comenta en los círculos deportivos del municipio: que la Dirección de Deportes actúa más como juez y parte que como árbitro institucional.
Sin embargo, el problema no se limita a ese episodio. Jugadores y participantes de distintos torneos aseguran que es habitual que el propio Marcos Faz compita en eventos organizados por la dependencia que dirige, particularmente en las competencias desarrolladas en el Complejo Deportivo municipal. Esta dualidad —funcionario organizador y jugador participante— ha generado molestia entre deportistas que consideran que las reglas no se aplican de la misma manera para todos.
A ello se suman denuncias sobre el uso preferencial de instalaciones públicas. La cancha municipal de fútbol rápido es uno de los espacios señalados por deportistas locales, quienes aseguran que el director y su círculo cercano la utilizan para entrenar sin enfrentar las mismas restricciones que se imponen al resto de los usuarios, quienes sí deben cubrir cuotas para poder acceder.
Paradójicamente, mientras a los deportistas se les exige pagar por el uso de los espacios, el mantenimiento de las instalaciones es prácticamente inexistente. Jugadores y equipos aseguran que en múltiples ocasiones han tenido que hacerse cargo por su cuenta de reparaciones y mejoras básicas, bajo el argumento de que el ayuntamiento no destina recursos suficientes para el cuidado de los espacios deportivos.
En contraste, cuando se trata de recaudar dinero, la dependencia sí ha mostrado rapidez. La venta de espacios publicitarios dentro de las instalaciones deportivas se ha realizado con cobros que rondan los dos mil pesos, sin que exista claridad sobre el destino de esos recursos, ya que las condiciones de los espacios continúan deterioradas y sin mejoras visibles.
Para muchos deportistas, lo que debería ser una plataforma para fomentar el deporte en Santa María del Río ha terminado convertido en un espacio de privilegios, decisiones opacas y favoritismos. En ese contexto, la responsabilidad no recae únicamente en quien encabeza la Dirección de Deportes, sino también en quien permite que estas prácticas continúen.
Hasta ahora, la administración municipal no ha ofrecido explicaciones ni ha anunciado medidas para aclarar los señalamientos. Mientras tanto, crece la percepción de que en Santa María del Río el deporte dejó de ser una política pública para convertirse en un negocio y un terreno de conveniencia política. Y la pregunta sigue en el aire: ¿hasta cuándo?
















