Venezuela enfrenta una de las mayores tragedias de su historia reciente tras el doble terremoto que sacudió el norte del país la tarde del miércoles 24 de junio de 2026. Los movimientos telúricos, de magnitudes 7.2 y 7.5, provocaron el colapso de edificios, daños severos en infraestructura estratégica y una emergencia humanitaria que mantiene a miles de rescatistas trabajando contrarreloj para localizar sobrevivientes.
El primer sismo ocurrió a las 18:04 horas, con epicentro a 21 kilómetros al oeste de Morón, en el estado Carabobo, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Apenas un minuto después se registró un segundo terremoto de magnitud 7.5, considerado el más intenso registrado en Venezuela desde que existen mediciones modernas en 1900. Desde entonces se han contabilizado más de 130 réplicas.
El balance de víctimas continúa aumentando conforme avanzan las labores de búsqueda. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, informó que hasta el momento se registran al menos 589 personas fallecidas, cerca de 3 mil lesionados y más de 10 mil desaparecidos. Sin embargo, el jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, estimó que la cifra de personas desaparecidas podría superar las 50 mil, mientras en redes sociales circulan listas no oficiales con más de 51 mil nombres de personas cuyo paradero sigue sin conocerse.
El Servicio Geológico de Estados Unidos mantiene una proyección de alto impacto al estimar una probabilidad cercana al 40 por ciento de que el número final de fallecidos pueda ubicarse entre 10 mil y 100 mil personas, cálculo basado en la intensidad de los sismos, la densidad poblacional y la vulnerabilidad de las construcciones afectadas.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) calcula que hasta 6.76 millones de personas podrían haber resultado afectadas, incluidos alrededor de dos millones de habitantes de Caracas. El organismo advirtió que numerosos edificios colapsaron y que la infraestructura crítica presenta daños severos, limitando el acceso al agua, electricidad, atención médica y otros servicios esenciales.
Las mayores afectaciones se concentran en los estados La Guaira, Miranda, Falcón, Carabobo, Aragua y la capital Caracas. En La Guaira, ubicada a unos 40 minutos de Caracas y declarada zona de desastre por el Gobierno interino, barrios completos quedaron reducidos a montañas de concreto y acero.
Familiares, vecinos y voluntarios intentan remover escombros con herramientas improvisadas mientras esperan maquinaria pesada. “Necesitamos máquinas, personas”, gritaban habitantes frente a edificios colapsados. Otros denunciaron la insuficiencia del apoyo gubernamental durante las primeras horas de la emergencia.
Uno de los testimonios más dramáticos es el de Alessandro del Giudice, un joven de 23 años que busca a su padre entre los restos de un edificio derrumbado, mientras su abuela intenta retirar piedras con las manos. “Las autoridades no sirven porque aquí deberían estar los militares con toda la maquinaria”, reclamó.
Las tareas de rescate avanzan lentamente debido a la magnitud de los daños. Equipos especializados continúan escuchando señales de vida entre los escombros utilizando protocolos de silencio absoluto antes de iniciar nuevas excavaciones. La agencia AFP reportó que aún permanecen cuerpos visibles bajo edificios colapsados.
Los terremotos también ocasionaron daños importantes en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, principal terminal aérea del país, que permanece cerrado mientras se realizan evaluaciones estructurales. La suspensión obligó a cancelar vuelos nacionales e internacionales.
Aerolíneas como Iberia, Air Europa, Plus Ultra y Avianca suspendieron temporalmente sus operaciones hacia Caracas. Latam implementó medidas de flexibilización para que los pasajeros puedan modificar sus itinerarios, mientras Copa Airlines reanudó parcialmente vuelos hacia Barquisimeto, Valencia y Barcelona, manteniendo suspendidas las operaciones hacia la capital.
La emergencia movilizó rápidamente a la comunidad internacional. Estados Unidos anunció el despliegue inmediato de equipos de búsqueda y rescate USA-1 y USA-2, integrados por especialistas del Departamento de Bomberos del Condado de Los Ángeles y de Fairfax, Virginia.
El presidente Donald Trump ordenó activar todas las agencias federales para brindar apoyo humanitario, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó el envío de personal médico, equipos de rescate y asistencia logística.
Además, el mayor general de los Marines Kevin J. Jarrard llegó a Caracas para coordinar las operaciones del Comando Sur, luego de que el Gobierno interino solicitara formalmente ayuda a Washington. Estados Unidos también comprometió 150 millones de dólares en asistencia y el despliegue de aeronaves, helicópteros y dos buques para apoyar el transporte de suministros y las labores de rescate.

Al menos 17 países participan ya en la respuesta internacional. México, El Salvador, Colombia, Ecuador, Chile, Suiza, Francia, Alemania, Brasil, Panamá, China, Rusia, Cuba e Irán han ofrecido ayuda humanitaria o enviado personal especializado.
México desplegó uno de los contingentes más numerosos. Por instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, partieron desde la Base Aérea de Santa Lucía dos aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana con 261 elementos, incluidos médicos, enfermeros, especialistas en rescate y 18 binomios caninos entrenados para localizar personas atrapadas.
El operativo mexicano también trasladó 4.4 toneladas de herramientas, 2.7 toneladas de insumos médicos y anunció el envío adicional de un avión C-130 Hércules con ocho toneladas de medicamentos y cuatro toneladas de equipo especializado.
Sheinbaum confirmó además que, hasta el momento, la Embajada de México en Venezuela no tiene registro de ciudadanos mexicanos fallecidos o lesionados, aunque mantiene monitoreo permanente.
La Unión Europea activó el sistema satelital Copernicus para apoyar las labores de localización de zonas afectadas. Francia enviará 85 rescatistas, mientras Alemania ofreció aeronaves militares A400M para transportar ayuda y personal especializado de protección civil.
La Organización de las Naciones Unidas advirtió que las necesidades humanitarias crecerán durante los próximos días. UNICEF informó que concentra sus esfuerzos en las labores de búsqueda y rescate, además de preparar el suministro de agua potable, alimentos, refugios temporales, medicamentos, saneamiento y atención psicológica para la población.
Hilda Calderón, oficial de emergencias de UNICEF en Perú, señaló que una de las mayores preocupaciones es la reunificación familiar, ya que numerosos menores quedaron separados de sus padres o cuidadores tras los derrumbes. La pérdida de documentos de identidad complica aún más esta tarea.
La funcionaria explicó que los daños estructurales tardarán semanas o incluso meses en ser evaluados completamente y advirtió que muchas familias aún no dimensionan que probablemente no podrán regresar a sus viviendas.
Diversas organizaciones humanitarias, entre ellas UNICEF, Médicos Sin Fronteras, Save the Children e International Medical Corps, habilitaron campañas de recaudación para financiar el envío de alimentos, medicamentos y equipos de emergencia.
Dentro de Venezuela, la Iglesia católica, a través de Cáritas, abrió centros de acopio para recibir alimentos, ropa, herramientas e insumos médicos destinados a los damnificados. La Cruz Roja Mexicana también habilitó una línea telefónica para orientar a personas que buscan información sobre familiares incomunicados en territorio venezolano.
Especialistas de la ONU solicitaron además al Gobierno venezolano restablecer plenamente el acceso a redes sociales y medios de comunicación para facilitar la coordinación de las labores de rescate y permitir la localización de personas desaparecidas.
Mientras continúan llegando equipos internacionales, miles de familias permanecen esperando noticias de sus seres queridos bajo una carrera contrarreloj que podría extenderse durante varios días, en medio de una de las mayores catástrofes naturales registradas en Venezuela en más de un siglo.













