El sol cae sobre Pálpite, un pequeño pueblo enclavado en la Ciénaga de Zapata, y la escena revela una postal distinta a la que durante años atrajo a miles de visitantes. Donde antes predominaban los cangrejos rojos que cruzaban las carreteras y maravillaban a turistas, hoy lo que se observa son habitantes locales buscando señal eléctrica en medio de apagones que pueden extenderse hasta 22 horas diarias.
La crisis energética, agravada por la escasez combustible impulsado por la administración de Donald Trump, ha paralizado gran parte de la vida cotidiana y ha asestado un golpe crítico al turismo, uno de los pilares económicos de Cuba.
“¿Qué turista querrá visitarnos en estas condiciones?”, se pregunta Manuela Arencibia Báez, propietaria de una casa de alquiler en Playa Larga, una de las zonas más visitadas de la región.
Reservas canceladas y desplome histórico del turismo
El impacto en el sector es inmediato y cuantificable. Según datos oficiales, la llegada de turistas internacionales cayó un 56% en febrero en comparación con el mismo periodo del año anterior. La tendencia refleja no solo la crisis energética, sino también un deterioro estructural en la capacidad del país para sostener su industria turística.
Arencibia relata que ha perdido la cuenta de las cancelaciones, incluso de viajeros que ya se encontraban en la isla pero no lograron desplazarse debido a la falta de combustible.
No pudieron encontrar un taxista con gasolina para viajar desde La Habana”, explicó en declaraciones recogidas por Reuters.
Los dos principales hoteles de Playa Larga han cerrado, al igual que numerosas atracciones. El fenómeno se replica en otros destinos emblemáticos como Varadero, Cayo Santa María y Cayo Coco, configurando un panorama de parálisis generalizada.
Crisis más profunda que la pandemia
Aunque Cuba ha enfrentado durante décadas restricciones económicas vinculadas al embargo estadounidense, los testimonios recogidos indican que la situación actual supera incluso momentos críticos recientes como la pandemia de covid-19.
Estamos mucho peor incluso que durante la pandemia del coronavirus”, afirma Arencibia, quien menciona la cancelación de reservas provenientes de Suiza, Canadá, Francia y Alemania.
La escasez no se limita a la electricidad. El agua potable es irregular, los servicios médicos en zonas remotas son cada vez más inaccesibles y la falta de combustible ha eliminado prácticamente el transporte independiente. La consecuencia es un colapso sistémico que afecta tanto a residentes como a visitantes.
Ciénaga de Zapata… “pueblo fantasma”
La Ciénaga de Zapata, considerada uno de los ecosistemas más ricos del Caribe, se ha transformado en lo que sus propios habitantes describen como un “pueblo fantasma”.
Fidel Silvestre Fuentes, propietario de 67 años que durante décadas hospedó a observadores de aves atraídos por especies únicas como el colibrí abeja, resume la situación: “En estos meses siempre tengo todo reservado. Ahora estamos vacíos”.
Las carreteras deterioradas, la ausencia de turistas y el cierre de sitios emblemáticos como la Cueva de los Peces refuerzan la sensación de abandono. La economía local, altamente dependiente del turismo, carece de alternativas viables.
















