Por: Mario Candia
La regla del diez por ciento.
Han oído hablar de la regla del diez por ciento. Una especie de parodia de los premios Nobel que se entregan en Estados Unidos le ha otorgado a Dan Ariely, un sicólogo norteamericano-israelí, dicho premio por sus estudios cognitivos, en una de sus hipótesis este sicólogo asegura que casi la totalidad de las experiencias humanas se definen como buenas o malas dependiendo del último momento, del 10 por ciento final de la experiencia. Es decir que si un partido de futbol se definió de manera intensa en los últimos minutos la evaluación general del partido será como buena, aunque los 80 minutos primeros del partido hayan estado aburridos. Ariely sostiene que así funciona la mente humana, la percepción de la mayoría basa sus preferencias en los últimos momentos de una experiencia, a esto se le llama la regla de los 10 por ciento. Creo que en el cine han convertido esta premisa como una fórmula de éxito.
El Poder del Perro (Campion, 2021) es una película que bien podría tener esa fórmula, en los últimos 10 minutos de la película se define, se resuelve toda la trama, muy al estilo del Sexto sentido (Shyamalan, 1999). Si volvemos a ver ambas películas caeremos en cuenta que las dos tiene inicios aburridos y tediosos, sin clímax, con tramas que se sostienen por lo poderoso de sus imagenes, bien contadas y con actuaciones solidas pero sin sustancia y es el plot twist final el que le da sentido a todo incluso no lo ve uno venir. No es una buena película es solo un truco, un artificio cinematográfico. En Parásitos (Joon-ho, 2019) por ejemplo hay varios plot twist, cambios radicales que hacen mucho más interesante la película, pero no cae en ese truco, no se define al final, por el contrario mantiene al espectador en alerta todo el tiempo.
King Richard (Marcus Green, 2021) es otro de los dramas que muchos críticos han puesto en los reflectores para esta temporada de premios, en esta en particular han destacado la actuación de Will Smith como prodigiosa. La cinta narra los avatares y ocurrencias del papá de las extraordinarias tenistas norteamericanas Serena y Venus Williams, a este fallido melodrama todo le sale mal. La premisa es muy interesante, contar la vida del padre de dos de las más grandes atletas de nuestros tiempos, en un deporte racista y clasista, con todo lo que esto implica. Sin embargo la película se vuelve una ficción paródica, reduce la gran disciplina y talento de las chicas, a un experimento de tenacidad realizado por un acomplejado padre, el cual está convencido de que todo es parte de su plan, una especie de plan divino convenido con dios. La película nos pinta un mundo adverso para una familia modelo, sin conflictos, sin diferencias, una familia donde todo fluye, una mamá que siempre tiene una sonrisa y una palabra de aliento, pese a los arranques paranoicos y la muy particular manera en que somete a sus hijas y familia completa él tal King Richard, interpretado por un Will Smith desganado. Si la idea era poner al papá de las Williams como un ocurrente, rencoroso y acomplejado pues entonces me quito el sombrero y aplaudo la actuación, pero si se es congruente con la idea que pretende mostrar la película, a un hombre, a un legado de resistencia y perseverancia pues entonces no lo logró. Una película que pareciera hecha por Hallmark Studio con un guion salido de cualquier historia de superación de la Reader Diges’t.


