La vida de Norma Laguna quedó marcada para siempre en 2010, cuando su hija Idaly Juache, una joven futbolista de 19 años originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, desapareció sin dejar rastro. Catorce años después de aquella tragedia, la búsqueda continúa dentro de la misma familia, ahora por su nieto Edgar Ruiz, quien desapareció hace dos años cuando tenía 17 años.
Idaly Juache era delantera de un equipo de futbol en Ciudad Juárez. Su desaparición ocurrió en 2010, apenas dos días después de disputar un partido un domingo por la noche. Desde entonces, Norma Laguna conserva una de las pocas pertenencias que mantienen viva la memoria de su hija: una camiseta naranja con el número 14, el uniforme que utilizaba en la cancha y símbolo de la vida que le fue arrebatada.
“Han pasado muchos años, pero para nosotros el tiempo sigue intacto; parece que fue ayer”, relató Laguna en una entrevista concedida a Reuters.
Tras la desaparición de la joven, la familia inició una búsqueda que se prolongó durante años. Norma recorría distintos puntos de Ciudad Juárez siguiendo cualquier pista que pudiera conducirla a su hija. Al mismo tiempo, debía hacerse cargo de sus otras tres hijas pequeñas, quienes la acompañaban mientras visitaba calles, colonias y establecimientos donde se reportaban posibles avistamientos.
Durante ese periodo, diversas versiones señalaban que Idaly podría haber sido obligada a trabajar en bares y hoteles del centro de la ciudad. La madre investigó cada una de esas pistas con la esperanza de encontrarla con vida.
Dos años después de la desaparición, autoridades localizaron restos humanos en un lecho seco de río ubicado a unos 70 kilómetros de distancia. Entre ellos se encontraba un fragmento de cráneo de aproximadamente 10 centímetros que posteriormente fue identificado mediante pruebas forenses como perteneciente a Idaly. En el mismo sitio también fueron encontrados restos correspondientes a otras 26 mujeres y adolescentes.
Aunque la identificación confirmó el destino de la joven, para Norma Laguna aquello nunca representó una respuesta definitiva ni el fin del dolor.
“Mi hija no me dejó hecha pedazos, se fue entera”, expresó.
Con el paso de los años, la madre se integró a uno de los numerosos colectivos de búsqueda formados por familiares de personas desaparecidas en México. Estos grupos han surgido en distintas regiones del país ante la percepción de insuficiencia institucional y la necesidad de realizar investigaciones independientes para localizar a sus seres queridos.
La búsqueda de justicia por el caso de Idaly tuvo un avance importante en 2015, cuando un tribunal condenó a cinco hombres a 697 años de prisión. Las autoridades los encontraron culpables de engañar a Idaly y a otras diez jóvenes mediante falsas ofertas de trabajo, obligarlas a prostituirse, utilizarlas para la venta de drogas y posteriormente asesinarlas.
Sin embargo, la sentencia no logró cerrar la herida que dejó la desaparición de su hija.
Años después, la tragedia volvió a golpear a la familia.
Edgar Ruiz, nieto de Norma Laguna, desapareció cuando tenía 17 años. De acuerdo con los testimonios recopilados por la familia, el adolescente fue visto por última vez después de subir a un automóvil y alejarse de un campo deportivo, el mismo lugar donde años atrás su tía Idaly acostumbraba jugar futbol.
Desde entonces han transcurrido dos años sin que exista información sobre su paradero.
La desaparición de Edgar transformó una búsqueda que parecía haber concluido judicialmente en una nueva lucha marcada por la incertidumbre. Para Norma Laguna, el objetivo sigue siendo el mismo que comenzó hace más de una década: conocer la verdad y encontrar respuestas.
Su historia también se desarrolla en medio de una crisis nacional. México registra más de 135 mil personas desaparecidas y no localizadas, una cifra que continúa creciendo y que ha convertido a los colectivos de búsqueda en actores fundamentales para miles de familias que intentan localizar a sus seres queridos.
Mientras las investigaciones avanzan lentamente en numerosos casos, madres, padres, hermanos e hijos continúan recorriendo terrenos, revisando expedientes y organizándose para exigir justicia.
Norma Laguna forma parte de ese grupo de personas que se niegan a abandonar la búsqueda.
“Solo queremos saber qué pasó… Empecé esta búsqueda por mi hija y hoy seguiré buscando a mi nieto”, afirmó.
La lucha que comenzó con la desaparición de Idaly Juache en 2010 permanece vigente. Catorce años después, la familia sigue enfrentando la misma incertidumbre, ahora marcada por la ausencia de una nueva generación y por la esperanza de encontrar respuestas que aún no llegan.












