ZARAGOZA. – Han transcurrido cinco meses desde que la actual administración municipal tomó las riendas de Zaragoza, y lo único que los ciudadanos han recibido a cambio de su confianza son fiestas, eventos y espectáculos. Mientras los funcionarios presumen festivales y reuniones, la realidad en las calles es otra: infraestructura en decadencia, vialidades intransitables y un pueblo que sigue esperando soluciones reales.
La prioridad parece ser el entretenimiento antes que el trabajo. En lugar de ver maquinaria arreglando caminos o proyectos que detonen el crecimiento del municipio, los habitantes han sido testigos de una agenda repleta de celebraciones, como si con música y luces se pudiera maquillar la falta de obra pública.
Las promesas de campaña se han convertido en una lista de excusas y justificaciones. ¿Dónde están las inversiones en servicios básicos? ¿Cuándo se atenderán las necesidades reales de la gente? ¿O acaso el gobierno local cree que con bailes y ferias se resuelven los problemas estructurales de Zaragoza?
Cinco meses han pasado y solo una obra se ha concretado, lo que deja en evidencia la falta de compromiso con el progreso del municipio. Los ciudadanos no piden milagros, solo esperan lo mínimo que cualquier administración debería garantizar: calles dignas, servicios eficientes y un gobierno que trabaje más y celebre menos.
La pregunta es clara: ¿seguirá la administración municipal apostando por el circo o finalmente decidirá hacer su trabajo?