Los morenos güeros

la soga al cuello

El chiste no es llegar hasta arriba, sino quedarse ahí toda la vida, pero es difícil, difícil que lo puedas hacer… Alejandro Lora. El tri de México. Difícil.

Aquello era una romería. Los aspirantes se dejaron ver desde muy temprana hora con sus documentos bajo el brazo. Cuatro fotografías tamaño infantil, a color y con el cabello recogido o corte escolar. Carta de buena conducta y solicitud printaform. Currículum vitae, comprobante de máximo nivel de estudios y cualquier forma o registro que demuestre que no son unos advenedizos en Morena.

El arribismo es una constante en el partido del presidente, políticos de todas las edades, épocas y razas se esfuerzan por demostrar su plena convicción en los ideales de la cuarta transformación. La clase social no importa, ni siquiera el partido político de donde provienen o si vestían hasta hace algunos días la camiseta de otro equipo. Ahí todo se perdona, siempre y cuando se esté dispuesto a pagar el precio.

Ahora todos quieren ser morenos, hasta los huastecos güeros como el alcalde con licencia de Ciudad Valles Adrian Esper Cárdenas se esfuerzan por aparentar que hay algo de barrio debajo de ese sombrero y su chalequito sastre. La hegemonía del presidente Andrés ha obligado a los ambiciosos a exhibir su hambre y sed de poder fuera de los lugares acostumbrados. Los que provienen del PRI o PAN se encuentran con que los besamanos acá son en las banquetas, en la vía pública, como quien se compra un elote y se lo traga mientras aguarda el arribo del camión urbano que lo ha de llevar por la senda del triunfo en búsqueda de poder y gloria.

Qué cosa tan rara eso de que además cada precandidato debe hacer personalmente su registro, acostumbrados a traer siempre un ujier que se encarga de hacer esos asuntos misceláneos, algunos ni recordaban escribir con letra de molde su nombre o él del estado que pretenden gobernar. Allá en las oficinas centrales del movimiento de regeneración nacional el presidente nacional Mario Delgado hizo el llamado: él (o ella) que quiera azul celeste, que le cueste.

La convocatoria que para efectos de seleccionar candidatos a gobernar quince entidades de la República Mexicana emitió el comité ejecutivo nacional tiene una serie de candados no muy complejos, excepto por ese donde deben demostrar que no son morenos de ahora. Cualquiera que lleve un recibo, folio, fotografía o correo electrónico que permita determinar la fecha exacta en que se unieron a la nueva fe y comenzaron a predicar el evangelio de la cuatroté pasa a la siguiente etapa.

Posteriormente, un consejo de notables revisará la documentación que cada militante haya presentado, acto seguido se hará una breve investigación en Google donde se buscará determinar la buena fama pública del arribista y a golpe de mallete se les concederá el preciado acceso a cuatro personas por estado para ser encuestadas.

Hasta ahí todo bien, excepto por los potosinos, que más barato por docena fueron al registro haciendo boruca y en manada. De los más de diez precandidatos(as) difícilmente se hace uno. En el terreno de la prospectiva electoral no existe un aspirante por Morena que tenga presencia a nivel estado y que supere a su casi aliado Ricardo Gallardo Cardona del partido verde. En días pasados, cuando fue repudiado por el consejo político nacional de Morena, justo el día de su cumpleaños, se diseñó una estrategia para intentar recuperar la posibilidad de la alianza, pero es muy indeterminada.

La intentona de madruguete para registrar la fallida coalición en San Luis Potosí despertó las pasiones (y los temores) y culminó con la escisión de Morena de la coalición que ellos mismos habían convocado con el partido verde, del trabajo y nueva alianza. Tremendo ridículo, pero pecata minuta si pensamos en todo lo que viene, Mario Delgado está obligado a ganar el congreso si espera conservar la simpatía del presidente Andrés. No puede andar con tantas consideraciones y menos si los malditos neoliberales PRI Y PAN van a ir juntos en 130 distritos del país como un esfuerzo desesperado por romper la hegemonía de Morena en la cámara baja.

Mario tiene la confianza del presidente, pero esa debe refrendarse casi como la lealtad, cada 24 horas. Los resultados son lo único que importa, no tanto las formas que además, ya nos ha quedado claro que en el actual régimen no se requiere forzosamente cuidar los rituales tradicionales, por el contrario, entre más disruptivo mayores aplausos. Algo que yo llamaría: el “efecto Noroña”.

En fin, de la retahíla de personajes potosinos que concurrieron al registro algunos tienen méritos suficientes para ir a una encuesta. No se equivocaron los ingenieros que diseñaron esta convocatoria, si acaso cuatro, al resto los van hacer como a la nata del caldo. Para un lado.

Pero pues, ni modo de meter a la mascota del equipo en una encuesta de popularidad sin antes revisar si tiene trescientos seguidores en Facebook. La cosas como son, quien resulte vencedor de la contienda, es porque ya invirtió previamente en mercadotecnia, imagen y difusión masiva de contenidos personalizados en redes sociales.

Morena va privilegiar por encima de los candidatos orgánicos a los que traen los suficientes recursos económicos para rebasar el tope de campaña. La cuarta transformación está en juego en la elección del 2021, no están jugando a las canicas ni mucho menos somos un país democrático. Obtener el poder cuesta, y conservarlo, cuesta el doble.

Al parecer de los registros potosinos llegarán a la encuesta tres hombre y una mujer, Juan Ramiro Robledo, Adrián Esper Cárdenas, Antonio Lorca Valle y Francisca Reséndiz Lara, aunque se habla de que cierto expediente con detalles perniciosos dejarían fuera al alcalde de Ciudad Valles para ser sustituido por el senador Primo Dothé Mata, que para maldita sea la cosa no cambia nada. En ese reducido universo de cuatro posibilidades debería tener un tránsito ligero Juan Ramiro Robledo. Su vasta carrera política le alcanzaba hasta hace poco para ser reconocido en casi cualquier parte del estado.

Sin embargo, hay que ver su vigencia, a Juan Ramiro lo conocen los mayores de cuarenta años, pero el gran elector ahora es joven y desde hace aproximadamente tres años los párvulos se informan y forman un criterio con la mirada jorobada y presta en la pantalla de un teléfono celular.

Hace dos años cuando el magistrado con licencia se retiró a la vida cómoda en el tribunal de justicia administrativa nominado por el gobernador Juan Manuel Carreras, no existía dentro del ideario colectivo la palabra tiktok, ahora tan familiar. El equipo de campaña del ex senador tiene tres días que abrió una fan page de Facebook y ya acumula cerca de treinta viejitos entusiastas. Todos ellos puestos quince.

No dudo que Juan Ramiro Robledo pueda ganar esa encuesta, el problema es si estará en condiciones físicas y emocionales óptimas para sobrellevar una campaña contra un rabioso adversario como Ricardo Gallardo Cardona. O peor aún, si obtuviera el triunfo en la elección constitucional, gobernaría seis años un estado que estaba predeterminado para él desde hace 23 cuando el duende Horacio Sánchez Unzueta le metió el pie por primera vez. Pero esa es otra historia.

Sea pues Juan Ramiro Robledo Ruíz, hombre de gráciles formas y palabras educadas, tienes esa corte de tiralevitas y quitapelusas que te alegran el paso, son juan lanas y el viva la virgen los que hacen alarde de tu presencia. Tanta alaraca y poca matraca.

@gandhiantipatro

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