La mancha voraz

Una cita a ciegas puede convertirse en un cerdo con sombrero y un bolso de mujer. Groucho Marx

El proyecto verde en San Luis Potosí se llama José Ricardo Gallardo Cardona, podría haber sido cualquier color, pero esa franquicia le gustó al político potosino que comandó la escisión de una disminuida bancada perredista que se esforzaba por llamar la atención en los albores de la actual legislatura federal.

La traición de Gallardo no la olvidan los “chuchos”, desde la dirigencia nacional del partido de la revolución democrática Jesús Zambrano tiene una consigna, darle la estocada final al pollo, sus miras están puestas en el territorio marcado como gallardista desde hace más de una década, Soledad de Graciano Sánchez.

Cuando Ricardo Gallardo adquirió la franquicia del partido verde en San Luis Potosí, obviamente sabía que está pagando por los guantes, históricamente es un color que los electores identifican fácilmente y se vincula (al menos en sus orígenes) con propuestas ecológicas y en la dinámica de las tendencias mundiales que les permitía obtener votos de jóvenes que se integraban al ejercicio democrático por primera vez.

Cada elección, el Partido Verde Ecologista de México, el partido del tucán, obtenía los votos necesarios para conservar su registro nacional sin tener siquiera representantes de casilla, la inocuidad de sus líderes políticos les permitió “nadar de muertito” y conservar su cuota de poder, más privilegios.

Así fue como el matrimonio Barrera – Salazar obtuvo prosperidad y poder político en la entidad, por más de dos décadas cuidaron el negocio y la mancuerna funcionó de manera eficaz por un tiempo, hasta que se acabó el amor. Manuel Barrera Guillén e Ivett Salazar Torres han sido diputados y titulares de la Secretaría de Gestión Ambiental, ningún gobernador les escatimó esa área de gobierno por estar vinculada con su discurso, así sucedía también en los ayuntamientos que ganaban en alianza.

El partido funcionaba como una secta donde la pareja resolvía cualquier controversia como si fuera un asunto doméstico de familia. Pero la felicidad no es eterna, tarde o temprano la ambición corrompe y cualquier sociedad se disuelve. En el convenio de divorcio Manuel se quedó con el partido e Ivett con la SEGAM por lo que restaba del sexenio.

La orden vino de México, entregar las llaves del changarro a los nuevos inquilinos, la gallardía llegó como una peste al partido verde. Se habla de varias millones de razones que facilitaron el acuerdo, en el partido del tucán, llegó un pollo prieto a hurgar en los rincones. El ímpetu que siempre dispone la gallardía le dio una inusitada vida al partido verde. Todo lo que el dinero pueda comprar, -no importa su origen o licitud- desde lealtades hasta traiciones, si titubeos.

Ahora sin el lastre de su padre Ricardo Gallardo Juárez, el pollo anda como niño con visita, él toma las decisiones y aunque generalmente suele ser muy impulsivo, le ha funcionado el estilo bronco y audaz. Tanto que ya comenzó a preocupar a la nomenclatura potosina. Los potosinos ya tuvieron la oportunidad de ver cómo se comporta la familia Gallardo cuando tienen la sartén por el mango.

A nadie en San Luis Potosí les preocupaba la familia Gallardo cuando eran los capataces del municipio conurbado. Soledad de Graciano Sánchez siempre fue el traspatio de la ciudad capital, el lugar donde se arroja lo que no se quiere ver, la basura, las aguas residuales, los lupanares se volvieron parte del paisaje urbano.

Cuando el papá pollo se aventuró por la alcaldía de la capital, nadie lo vio llegar, sigilosamente adquirió líderes que habían sido menospreciados por los partidos políticos dominantes, por aquellos días PAN y PRI se repartían generosamente el pastel en la capital, ahora dan lástima.

De la misma forma que Ricardo Gallardo Juárez tomó por asalto la alcaldía de la capital su hijo pretende llegar a la gubernatura, sin el menor escrúpulo oferta posiciones políticas o dinero a líderes y disidentes de otros partidos, y le ha funcionado, al menos para generar la percepción de que todos los caminos conducen al partido verde, -ergo el pollo.

En esta etapa del proceso electoral el común de la gente piensa que Ricardo Gallardo Cardona trae mucho dinero y lo anda repartiendo al por mayor, que todos los tránsfugas van a terminar en los brazos del pollo. Los proveedores pueden ser de origen y propósitos muy diversos. Sus más recientes adquisiciones: Sonia Mendoza y Leonel Serrato, son la mejor muestra de que en el partido verde no existen escrúpulos ni se prejuicia a nadie.

El pollo tuvo a bien reclutar como operador político y cuasi coordinador de campaña a un personaje funesto proveniente del estado de Tamaulipas, Cesar García Coronado se desempeñó recientemente como delegado federal de la SCT en la entidad, llegó con la recomendación del ex gobernador tamaulipeco Eugenio Hernández quien le gestionó el visto bueno de Juan Manuel Carreras. Sus alcances, aunque limitados supo venderlos, se decía cercano a Miguel Ángel Osorio Chong, pero si acaso mantenía contacto con quien fuese oficial mayor de la secretaría de gobernación.

Aún así, César es un personaje con habilidades y conexiones, experto negociador. Ricardo Gallardo necesitaba alguien con más prudencia y menos soberbia para cerrar los tratos. Es bien sabido que su impertinencia le impide mantener las puertas abiertas a posibles aliados. García Coronado conoce muy bien San Luis, y a los constructores de obra pública que son los mejores patrocinadores de campañas políticas.

El ex delegado de la SCT era conocido como el “rey del moche”, y aunque ahora es un próspero y excéntrico empresario, en Ciudad Victoria apenas comienza hablarse de él por su condición de nouveau riche. En la capital del estado vecino no lo toman tan en serio a pesar de su boyante auge económico, los victorenses son muy cautos con los ricos que florecen de repente. Posiblemente si gana el “pollo yo te apollo” César obtenga el tan ansiado reconocimiento social de la ciudad que lo vio crecer.

La posibilidad de que Ricardo “pollo” Gallardo Cardona sea gobernador de San Luis Potosí existe, la contumaz estupidez de sus adversarios de la coalición y el desasosiego imperante en Morena le favorece. La amenaza gallardista es real y más valdría tomarlo en serio antes que seamos condenados a verlo meando todas las esquinas por seis años.

Sea pues José Ricardo Gallardo Cardona, petimetre de callejón, eres un Juan lanas, soñador empedernido, te rodeas de quitapelusas y mamporreros para ocultar tu ánimo garbancero, que te sonría la suerte, no quita que porfía por siempre.

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