Los días que no llegan

Verdad de Dios pariente, en este mundo nomás a los muy listos o a los muy tontos les va bien… @gandhiantipatro

Para la mayoría de los potosinos, el tema de la elección de gobernador es un acto consumado. Ricardo el “pollo” Gallardo ha recibido los respetos y la sumisión de diversos actores políticos, sociales y hasta religiosos. Hasta el ex senador priísta Teófilo Torres Corzo se postró ante el joven político para hacer la proskynesis. Desde su más profunda abyección se esmeró en la convocatoria, la élite potosina concurrió al cónclave. Confiados en las habilidades cortesanas del anfitrión, llenaron de besos y halagos al homenajeado.

Desde el día que se consumó el asalto al poder, el gobernador electo y sus patrocinadores han estado buscando borrar de la opinión pública nacional esa imagen de narco político que los presentadores de noticias y “opinadores” profesionales construyeron en la recta final del proceso electoral. Lo hicieron perro del mal y es un pollito pío.

Igual no existe un político en México (incluido el presidente Andrés) que no esté bajo sospecha de aceptar o haber recibido dinero del crimen organizado para financiar sus campañas, es solo que como el personaje tuvo una breve estadía de casi un año en un penal de máxima seguridad, era el blanco perfecto para mostrarlo como un José Luis Abarca y el mejor referente de la pudrición de la política mexicana en 2021.

Hay que reconocer en apego a la razón jurídica que a Gallardo nunca se le pudo demostrar fehacientemente algún vínculo con delincuentes ligados al tráfico de drogas. Sí fue acusado por el ministerio público federal por delincuencia organizada, aunque eso fue más un vicio de origen que a la postre le daría materia para el amparo y la posibilidad de salir impune del delito de peculado en perjuicio de los habitantes del municipio de Soledad de Graciano Sánchez.

La verdad es que la gente común, el pueblo bueno, el votante promedio de clase baja en México ya no ve tan deleznable a un político ladrón, aunque sea amigo de narcos y presuma un estilo de vida buchón. La gente lo que no perdona es el fracaso. En cierta medida los mexicanos asocian el éxito a un vehículo costoso, una casa grande, y viajes. El abuso de poder y la prepotencia también son un signo de autoridad y prestigio. Nadie en su sano juicio se pone patán si no trae un barrio que lo respalde o un club de facinerosos dispuestos a todo.

Ojalá no se anule la elección porque va ser muy penoso que ahora que la gente pudiente de San Luis Potosí ya fueron a postrarse ante el altar de la ignominia resulte que: “a chuchita la bolsearon”. Ya ni siquiera el candidato derrotado está dispuesto a pujar por una segunda oportunidad. A Octavio Pedroza Gaitán le dio el delirium tremens y ya no quiere saber nada de política. Pero la queja ahí sigue, y tiene rumbo, sólo falta que alguien tenga la malicia de atizar el fuego y se va hacer un desorden.

Como quiera había que concluir los recursos habilitados, todo parecía estar bien, la unidad técnica de fiscalización del INE no vio excedente alguno en los gastos del candidato Gallardo Cardona, el tope de campaña está intacto. Siguiendo el procedimiento, la unidad técnica presentó el informe a la comisión de fiscalización del INE que a su vez aprobó sendo dictamen favorable para la causa del candidato del partido verde.

A punto de liberar el grito de euforia, la intempestiva participación del consejero Ciro Murayama alargó la agonía de Octavio Pedroza y postergó la euforia gallardista. El consejero Murayama manifestó que el dictamen que se había votado carecía de un análisis exhaustivo y le faltaba agregar que tanto había influido el escándalo de los “influencers” en la elección impugnada. Además de contabilizar que tanto contribuyeron a enturbiar el proceso electoral en los días de la veda con sus atinadas y desinteresadas reflexiones.

El hecho de que los influyentes líderes de opinión en redes sociales hayan recibido un pago (económico o en especie) por sus comentarios en los días previos a la jornada electoral, ya implica resolver que tanto le toca a cada candidato del verde. Como sea se beneficiaron de la propaganda y podrían haber sido aportantes a la estrategia del partido, bastaría con seguir la ruta del dinero.

La elocuencia y argumentación del consejero Murayama debió haber sido algo magistral pues hizo recapacitar a cuatro de los cinco consejeros de la comisión de fiscalización que habían votado por unanimidad el dictamen favorable al candidato Gallardo Cardona. Por nueve votos contra dos, se acordó aprobar el dictamen pero devolver la queja presentada por el partido acción nacional.

Resulta que dictamen y queja no son lo mismo en términos de la confusa terminología del derecho electoral. Para aprobar los dictámenes había un plazo fatal, 22 de julio. Sin embargo, en caso de que posterior al análisis minucioso de la unidad técnica de fiscalización y en el informe complementario para resolver la queja, se descubra que el candidato del partido verde sí rebasó el tope de campaña establecido en la ley, y dado que la diferencia entre los dos candidatos punteros es menor al cinco por ciento, requisito sine qua non para que un tribunal en materia electoral pueda anular la elección.

El riesgo de eliminar el triunfo de Gallardo está aún latente, lo más pernicioso es que en caso de que las cosas se salgan de control, la constitución establece que el candidato que haya faltado a verdad y violentado las reglas establecidas, no podrá volver a contender por marrullero y para que escarmiente. Peor aún, para resolver la queja no hay prisa, el plazo importante ya se cumplió el 22 de julio.

Rápidamente, los involucrados se apresuraron a divulgar cada quien lo más conveniente para su causa, los titubeantes socios aliados de Pedroza Gaitán soltaron muchos borregos acerca de una inevitable nulidad de la elección. Por su parte, el casi gobernador colocó un par de post en sus redes sociales en alusión a la sesión del consejo general del INE.

“Con gran alegría les informo -aseguró mientras supuraba sudor y miasmas- que el INE determinó que no hubo rebase de tope de campaña y por lo tanto, ya soy gobernador”. O no le informaron a su jefe que la queja sigue viva o se quiere pasar de listo, en cualquiera de los dos ejemplos, ya empezamos mal.

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