La aplicación de aranceles estadounidenses a la industria automotriz mexicana comenzó a reflejar consecuencias directas en el empleo, con el cierre de plantas, paros técnicos y recortes salariales en distintas regiones del país.
De acuerdo con Tereso Medina, dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Coahuila y representante sindical en diversas armadoras, el cierre de la planta de Nissan en Morelos provocó también la paralización de la proveedora Autotek, lo que derivó en la pérdida de al menos mil empleos directos.
En el norte del país, la afectación alcanzó a Coahuila, donde una planta en Piedras Negras eliminó 650 puestos laborales, mientras que en Acuña se registraron otros 600 despidos. Medina explicó que la incertidumbre por las medidas arancelarias ha llevado a las empresas a reducir plazas como medida preventiva, ante el riesgo de que las tensiones comerciales con Estados Unidos se prolonguen.
Para mitigar el impacto, algunas compañías han implementado paros técnicos y reducción salarial de hasta el 35 por ciento, como estrategia temporal para preservar empleos. Sin embargo, el dirigente sindical advirtió que estas medidas solo son sostenibles a corto plazo si no se logra una solución en el ámbito comercial.
Medina exigió además que el Gobierno Federal incluya a los sindicatos y representantes laborales en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), al considerar que las consultas emprendidas por las secretarías de Trabajo y Economía son insuficientes. “Los trabajadores también debemos estar en la mesa; somos quienes resentimos primero las consecuencias”, subrayó.
El panorama laboral del sector automotriz, uno de los pilares de la economía mexicana, enfrenta así un escenario de inestabilidad y desaceleración ante el endurecimiento de la política comercial de Washington y la falta de mecanismos de protección efectiva para los empleos nacionales.















