Derrotados en las urnas, los enemigos de Ricardo Gallardo Cardona, ganador de la elección de gobernador, dueños de los poderes fácticos de San Luis Potosí, buscan ahora un “salinazo” (derrocarlo a golpe de periodicazos) pero escogieron para ello a los medios que hacen de adversarios del presidente Andrés Manuel López Obrador.
La rabiosa campaña que hicieron en San Luis Potosí los grupos que en los últimos 30 años detentaron los poderes político y económico no tuvieron resultados en el electorado porque en este pueblo todos nos conocemos y sabemos que el clan Valladares-Torres Corzo eran los impulsores de los ataques y todos sabemos también, los multimillonarios negocios que han hecho con el gobierno.
Así las cosas, derrotados con votos, han decidido repetir el modelo que en 1991 les dio resultado con Fausto Zapata Loredo (Q.P.D.) apelando a un acto de autoridad del presidente, Andrés Manuel López Obrador, obligado por la presión mediática, pero eligieron a los enemigos del presidente para tal fin: Los periódicos Reforma y Milenio y por momentos a la revista Proceso.
Los ricos y la tercera generación del navismo no tienen base social, la perdieron por abusivos y gandallas, porque todos los negocios, todas las chambas, todas las tranzas tienen que ser de ellos o de nadie y es justo por temor a que esa situación cambie que hacen el último esfuerzo por mantener privilegios y en muchos casos, impunidad por la comisión de delitos.
En corto, los señores del dinero envueltos en consorcios de medios de comunicación que usan como instrumentos de ataque, dicen de los golpes mediáticos a Gallardo: “no van a aguantar la presión, es el gobierno de Estados Unidos el que quiere al pollo” pretendiendo construirle una leyenda.
Los personajes que mueven la campaña son los mismos que traicionaron a Fausto Zapata en 1991 y que consiguieron que el presidente Carlos Salinas de Gortari lo destituyera con apenas 14 días en el poder previo enfrentamiento entre priístas y navistas.
Antes, ese grupo derrocó a Florencio Salazar Martínez y extorsionó a Leopoldino Ortíz Santos, gobernador interino de 1987 al 91, siempre a fuerza de periodicazos y vínculos













