Por: El Primo Feliciano
Lo que debía ser una fiesta regional con identidad, orgullo y un mínimo de planeación, terminó por confirmar lo que ya muchos temían desde semanas antes del arranque: la edición 2025 de la Feria Regional del Rebozo (FEREB) fue, en el mejor de los casos, una repetición mal organizada de los mismos errores de siempre. En el peor, un escaparate de improvisación, corrupción y negligencia. Más allá del espectáculo de los Voladores de Papantla, cuya majestuosidad ancestral contrastó por completo con el caos reinante en el resto del evento, poco o nada nuevo se ofreció a quienes con esperanza —y algo de paciencia— acudieron a esta feria que este año dejó de ser orgullo regional para convertirse en una feria de improvisación con aroma a mercado desordenado. Los puestos de venta, aglutinados sin orden alguno, con extensiones eléctricas colgando por doquier y sin criterios mínimos de seguridad, convirtieron las plazas del centro en un laberinto peatonal donde era más fácil tropezar con cables que encontrar un espacio cómodo para caminar. La oferta comercial, aunque en algunos casos novedosa, quedó eclipsada por la anarquía del acomodo. Pero lo más lamentable, lo verdaderamente escandaloso, fue la falta de mantenimiento y planeación en las calles de acceso al centro histórico. Calles con baches dignos de zona de guerra, banquetas rotas, y sin un solo intento visible de remediar el estado de abandono previo al inicio del evento. El resultado: turistas foráneos que no solo se fueron con una pobre imagen de Santa María del Río, sino que sufrieron daños en sus vehículos. Y peor aún: fueron víctimas de abuso y extorsión. Diversos testimonios coinciden en señalar a elementos de la Policía Municipal que, lejos de apoyar al visitante, se coludieron con grulleros locales en lo que parece un maridaje sucio, propio de tiempos donde todo se puede comprar y vender. Vehículos mal estacionados, pero sin causar obstrucción, eran retirados con saña y sin aviso, y luego soltados únicamente tras pagar cuotas excesivas. En pleno agosto, los infractores no fueron los ciudadanos, sino los propios servidores públicos haciendo su agosto.
¿Y la autoridad? Bien, gracias. Los organizadores optaron por la salida fácil: el discurso hueco, las redes sociales con selfies y el hashtag vacío de #FEREB2025. Porque para la foto sí hay entusiasmo, pero para la logística, la movilidad, la transparencia y el orden, simplemente no pudieron con el paquete. En lo que debería ser un escaparate cultural, turístico y económico, faltó visión, sobró simulación. No hay estrategia de desarrollo turístico que aguante cuando lo básico —calles dignas, seguridad para el visitante, respeto al comerciante y cero corrupción— brilla por su ausencia. Y aunque hubo comerciantes honestos que sí trajeron novedades interesantes y visitantes que rescataron momentos agradables —porque la gente, al final, siempre pone de su parte para disfrutar lo que le toca—, no se puede tapar el sol con un solo Volador de Papantla.
La neta: mal, muy mal esta edición de la FEREB. Si no hay una sacudida seria en la organización y supervisión de este evento, la feria está condenada a seguir siendo más de lo mismo: ruido, puestos y decepción. Y eso, para una región como Rioverde, no es solo un retroceso: es una vergüenza.
Por cierto, ya también atienden el problema de las letras monumentales, algunas de las cuales cayeron durante las pasadas tormentas. Parece que se va a tomar la decisión de repintar, de otro color las letras. Bueno, por esta semana fue todo, ya se nos terminó el espacio. Nos leemos el lunes próximo.














