El Ejército de Estados Unidos confirmó haber hundido quince embarcaciones y causado la muerte de 61 personas en aguas del Caribe y del Pacífico, durante doce ataques recientes que marcan una nueva fase en su guerra contra el narcotráfico.
La Administración de Donald Trump declaró un “conflicto armado directo” contra organizaciones criminales latinoamericanas que califica como terroristas, justificando así acciones militares en aguas internacionales. Esta estrategia, iniciada en agosto con el despliegue de buques en el Caribe, ha ampliado su alcance hacia zonas del Pacífico vinculadas con Colombia y Venezuela, países señalados por Washington de colaborar con redes de narcotráfico.
Tanto el Gobierno de Nicolás Maduro como el de Gustavo Petro denunciaron los ataques como asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, mientras Amnistía Internacional y otras organizaciones humanitarias cuestionaron la legalidad de estas operaciones, por considerarlas violatorias del derecho internacional y la soberanía regional.
Entre los ataques confirmados, el primero ocurrió el 2 de septiembre, con el hundimiento de una lancha presuntamente vinculada al Tren de Aragua. Desde entonces, Washington ha reportado ofensivas sucesivas, incluyendo una el 28 de octubre, considerada la más letal, en la que catorce personas murieron tras el ataque a cuatro embarcaciones en el Pacífico.
El Departamento de Guerra, encabezado por Pete Hegseth, advirtió que los bombardeos continuarán “día tras día”, e incluso dejó abierta la posibilidad de extender las operaciones a zonas terrestres, sin precisar ubicaciones.
Organismos internacionales han alertado que estas acciones podrían desatar una crisis diplomática y humanitaria, al implicar el uso de fuerza letal en territorios y mares compartidos con países latinoamericanos, bajo una política estadounidense que borra los límites entre seguridad nacional y conflicto militar.














