Las Piedras del Jofre
Por El Jofrito
Si otra cosa no sucede, mañana arrancará la FERETI 2026, la Feria Regional de Tierra Nueva, presentada como la máxima festividad de este municipio y ligada a las fiestas patronales en honor a San Nicolás Tolentino.
Y sí, habrá música, puestos, luces y celebración. Pero detrás del ruido permanece una realidad mucho menos festiva: Tierra Nueva sigue sin aprovechar realmente la distinción de “Pueblo Mágico”. El nombramiento llegó con promesas de turismo, inversión, promoción y desarrollo. Sin embargo, con el paso del tiempo, pareciera que la etiqueta se quedó en el papel y el municipio continúa sin consolidar una oferta turística capaz de convertir ese reconocimiento en beneficios visibles para sus habitantes. La FERETI debería ser el gran escaparate de Tierra Nueva, el momento para presumir su historia, gastronomía, artesanías, tradiciones y atractivos.
Pero si la feria termina reducida a una cartelera de espectáculos y puestos comerciales, se habrá desperdiciado nuevamente la oportunidad. Porque organizar una fiesta es sencillo; construir un destino turístico requiere visión. Tierra Nueva no necesita solamente una feria ruidosa. Necesita que su condición de Pueblo Mágico deje de ser un título decorativo y comience a traducirse en turismo, inversión, empleos y mejores oportunidades. Mañana comienza la fiesta. Ojalá que, esta vez, también comience algo más.
Hay personajes que, con el paso del tiempo, terminan convertidos en una especie de referencia involuntaria. No porque hayan sido perfectos, mucho menos porque de pronto desaparezcan los cuestionamientos sobre su desempeño, sino porque quienes los sustituyen consiguen que hasta sus detractores comiencen a extrañarlos. Ese parece ser el curioso caso del padre Rubén. Durante su paso por la organización de las festividades de Tierra Nueva no fueron pocos los señalamientos que recibió. Se le criticaron decisiones, desatinos y, particularmente, ese insistente afán que muchos le atribuyeron de encontrarle al dinero una explicación prácticamente para todo. Su figura generó polémica y tampoco estuvo exenta de críticas.
Pero hay algo que, incluso quienes no simpatizaban con él, difícilmente pueden negar: sabía organizar la feria. Y ahí está la ironía. Hoy, cuando las autoridades municipales tienen en sus manos la organización de la FERETI, empiezan a escucharse voces que recuerdan aquellos años y aseguran que las fiestas estaban mejor organizadas cuando el padre Rubén llevaba las riendas. La memoria política y social suele ser caprichosa. Aquel personaje que ayer provocaba molestia, hoy aparece en las conversaciones como alguien que, al menos en materia de organización, tenía oficio. No se trata de borrar sus errores ni de convertirlo retrospectivamente en un ejemplo de administración. Sería absurdo. Los cuestionamientos que existieron siguen formando parte de la historia y no desaparecen porque ahora haya nostalgia.
Pero tampoco se puede negar la comparación. Una feria es mucho más que contratar grupos musicales, colocar escenarios y repartir espacios. Requiere logística, coordinación, seguridad, promoción, orden y, sobre todo, capacidad para conseguir que una celebración represente dignamente al municipio. Y precisamente ahí parece estar el problema actual. Tierra Nueva tiene la distinción de Pueblo Mágico, pero todavía no consigue explotar todo el potencial que debería representar. La feria tendría que ser uno de los principales escaparates para atraer visitantes, generar derrama económica y presumir las tradiciones del municipio. En cambio, si la organización deja más dudas que certezas, la comparación con el pasado resulta inevitable.













