TIERRA NUEVA. – En Hacienda Vieja, la pequeña capilla de la Virgen de la Asunción no solo guarda rezos, veladoras y recuerdos religiosos. Sus paredes conservan la historia de un pueblo entero que, hace más de seis décadas, decidió construirla con lo único que tenía: trabajo, unión y esperanza.
Sentada bajo la sombra de un pequeño mezquite, frente a su humilde vivienda en la zona de La Loma, doña Rosario revive aquellos años como si hubieran pasado ayer. A un lado permanece su hermano Reyes, quien siendo apenas un muchacho ayudaba a acarrear agua mientras los adultos levantaban el templo que hoy sigue de pie.
“Había poquitas casas, pero la gente era muy unida”, cuenta con una sonrisa cansada. “Las cosas se hacían de poquito, con lo que uno pudiera ayudar”.
La construcción comenzó en 1962 y, según recuerda, no había dinero suficiente para pagar materiales ni mano de obra. Entonces surgió una idea que hoy parece increíble: las mujeres del pueblo comenzaron a tejer trenzas de palma y otros materiales para venderlas. Todo lo recaudado era entregado a don Lan y don Porfirio, quienes se encargaban de comercializarlas para reunir dinero y pagar al albañil.
“La hicieron con puras trenzas tejidas por toda la gente”, relata doña Rosario.
Pero no fue la única ayuda. Algunos vecinos salían a pedir huevos para venderlos o utilizarlos en beneficio de la obra. Los niños que asistían a la doctrina cargaban pequeños botes con arena extraída del río. Cada viaje era una forma de participar.
El encargado de levantar la capilla fue don Chón Padrón, recordado por trabajar largas jornadas para terminar cuanto antes el recinto religioso. Mientras tanto, la doctrina se impartía en casa de don Agustín, donde incluso utilizaban un rin metálico como campana improvisada para llamar a los niños.
En la parte trasera del templo permanece una piedra grabada que marca la fecha que aún emociona a los habitantes más antiguos: 4 de abril de 1962, día en que se ofició la primera misa.
Más que una construcción, la capilla representa el esfuerzo colectivo de generaciones enteras que, aun con carencias, supieron levantar algo que sobrevivió al tiempo y se convirtió en símbolo de identidad para Hacienda Vieja.













