El tema de la violencia de género está presente hoy más que nunca en el ideario nacional, como todas las teorías de avanzada llega tarde a México. Es terrible reconocer que durante décadas, siglos y milenios se haya mantenido a las mujeres en condiciones de esclavitud o segregación. La humanidad se encuentra al borde de su extinción y aún, el género femenino lucha por condiciones de igualdad social.

Los seres humanos hemos vencido casi todas las barreras, menos la del prejuicio. Que dañado está el mundo que admiramos y magnificamos las proezas de los grandes conquistadores, Sargón el Acad, Alejandro Magno, Julio César, Gengis Khan, Atila, Tamerlán, Iván, Napoleón, Hitler. 

Recuerdo un libro con el que conviví por años en mi casa, “grandes conquistadores de la historia” es su título, los autores del texto se empeñaron en destacar la osadía y audacia de los personajes en cuestión, sus dotes como líderes y el cruel desenlace de su vida, algunos de ellos de muerte prematura. Siempre ausente, el análisis preciso y conciso de la ética o moralidad de las decisiones militares y políticas de los protagonistas de la historia mundial, el relator casi siempre se concentra en analizar las consecuencias de sus actos, sus motivaciones, y si tuvieron éxito en fundar una dinastía que ostentó el poder por mucho tiempo. 

Pocas son las mujeres que han asumido el poder, aunque para ello debieran sacrificar muchos aspectos de su vida, Catalina la grande,Isabel I de Inglaterra, Victoria de Reino Unido, Indira Gandhi, Margaret Tatcher, ganar el respeto de sus gobernados requirió forzosamente asumir ciertas características de autoridad que se asocian a particularidades del género masculino. El prejuicio con respecto de quienes se asocian a la lucha feminista en búsqueda de la igualdad y el respeto a los derechos fundamentales, se concentra en las características físicas de las representantes, el hábito sexual, su gusto estético sobre la moda y cualquier cosa que no tenga que ver con las ideas, los argumentos y el debate de la historia.

En el terreno político las mujeres han ganado presencia al obtener la paridad en casi todos los espacios políticos de elección, sin embargo, no significa que las mujeres que ha ocupado las posiciones, sean defensoras del discurso de avanzada de las activistas promotoras del cambio. México es una partidocracia y aquellas que acceden a las candidaturas son patrocinios de benefactores masculinos a los cuales se les facilitó el mecanismo para colocar esposas, hijas y amantes en candidaturas y puestos políticos dentro de la burocracia.

Los grupos más radicales dentro del espectro feminista han descubierto que ganar la calle es la base fundamental para obtener una respuesta inmediata a sus demandas, los eventos recientes en la Ciudad de México provocaron un debate nacional sobre sí la indignación popular concede legitimidad al latrocinio de los monumentos históricos, o si la deleznable acción de algunas encapuchadas que pintaron con aerosol el Ángel de la Independencia rebasa los límites de lo tolerable por un gobierno que se presume de jamás reprimir al pueblo. Las feministas también son pueblo.

En San Luis Potosí se han presentado recientemente algunos eventos trágicos que provocan consternación popular, los feminicidios se presentaron con macabro intervalo de días, tal parecía que no permitió dejar espacio a la reflexión. Aún estamos en pañales como sociedad, desde los círculos policiacos investigadores se filtraron a los medios de comunicación y redes sociales detalles sobre las supuestas conductas inmorales de las víctimas. Es difícil saber con certeza si formó parte de una estrategia intentar conducir el ánimo social o justificar la violencia. Es terriblemente atroz juzgar la vida personal e íntima de alguien que ya no está para defenderse (en caso de que quisiera hacerlo).

Los policías ministeriales que investigaron la vida de las víctimas para poder llegar a los posibles feminicidas, juzgaron con impoluta moralina los hábitos y censuraron la displicencia de su rutinaria existencia. Seguramente la mayoría de los que se atrevieron a opinar en lo público y privado llevan vidas ejemplares, cogen de “cucharita” y van a misa los domingos. La infidelidad es un tema tabú, siempre y cuando se hable de nosotros y no de la mujer del vecino.

Desafortunadamente para las feministas potosinas, las decisiones siguen estando en manos de hombres y les encanta opinar sobre lo que las mujeres deben hacer con su cuerpo. La presencia femenina en el congreso del estado podría ser avasallante, pero la mayoría no se traduce en acciones legislativas, la moralina religiosa y el peso de la costumbre mantienen a raya las pretensiones golpistas de las seductoras del pañuelo verde.

Sea pues San Luis Potosí, ciudad agrofa, pústula putrescente, eres pendenciera y ruin, sabes diluir la sangre en palabras redundantes, eres un grito ahogado, un silencio desesperado, añoranza de justicia y venganza.

@gandhiantipatro

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