La llegada de Supergirl, protagonizada por Milly Alcock, representaba una de las pruebas más importantes para DC Studios. Se trató del primer largometraje del renovado universo cinematográfico encabezado por James Gunn y Peter Safran que no fue escrito ni dirigido por Gunn, por lo que su desempeño serviría para medir si la franquicia podía sostenerse sin depender directamente de su principal arquitecto.
Sin embargo, un reporte de The Hollywood Reporter reveló que el estudio detectó desde hace meses problemas con la película. Las proyecciones de prueba no alcanzaron las expectativas, la posproducción se complicó y surgieron diferencias creativas entre el estudio y el director Craig Gillespie, lo que derivó en una disputa interna entre dos versiones distintas del filme.
Con un presupuesto estimado entre 170 y 180 millones de dólares, Supergirl recaudó apenas 37.1 millones de dólares durante su primer fin de semana en Estados Unidos, una cifra inferior incluso al estreno de Joker: Folie à Deux, que debutó con 37.6 millones pese a recibir una fuerte respuesta negativa de la crítica y el público. El desempeño comercial encendió las alarmas dentro de DC, ya que la película forma parte del plan de largo plazo que comenzó con Superman y busca construir un universo compartido más sólido y coherente.
El mal arranque también reavivó el debate sobre el desgaste del cine de superhéroes, el elevado costo de las producciones, la conexión del tono de la película con el público y los problemas que pudieron originarse durante su desarrollo. Analistas de la industria han señalado que varias producciones recientes del género han enfrentado resultados similares, lo que ha alimentado la percepción de una disminución en el interés de los espectadores por personajes menos conocidos.
De acuerdo con fuentes consultadas por The Hollywood Reporter, Gunn y Gillespie nunca compartieron la misma visión sobre la dirección de la película. Una fuente resumió el conflicto al asegurar que “no estaban alineados creativamente”, mientras que otras personas involucradas en la producción sostuvieron que las diferencias formaban parte del proceso habitual entre un estudio y un director durante la etapa de ajustes.
Gillespie, reconocido por dirigir películas como I, Tonya y Cruella, suele construir historias centradas en personajes femeninos complejos, con una fuerte identidad visual y musical. Gunn, en cambio, mantiene un control muy definido sobre el humor, el ritmo y la selección de canciones, un sello que ha caracterizado producciones como Guardians of the Galaxy, Peacemaker y The Suicide Squad.
Las diferencias también quedaron reflejadas en las pruebas con audiencia. Entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 se realizaron al menos cuatro funciones de prueba y, según diversas fuentes, ninguna superó los 60 puntos sobre 100, aunque otra versión sostiene que la mejor evaluación alcanzó 70 puntos. En Hollywood, este tipo de exhibiciones suele influir en decisiones relacionadas con el montaje, la duración, la música y la necesidad de rodajes adicionales.
La respuesta de los espectadores llevó a DC Studios a involucrarse más en la posproducción. En marzo, el estudio organizó una comparación entre dos versiones distintas de la película: una editada por Gillespie y otra supervisada por el propio estudio.
El corte del director tenía 11 minutos adicionales y otorgaba mayor protagonismo al villano Krem, interpretado por Matthias Schoenaerts. Aunque ambas versiones obtuvieron resultados muy similares durante las pruebas, el montaje impulsado por DC Studios obtuvo una ligera ventaja de apenas dos puntos, suficiente para convertirse en la versión que llegó a los cines.
La música también fue motivo de desacuerdo. En una proyección realizada en febrero, la secuencia final utilizaba una versión de Girls Just Want to Have Fun, elección atribuida a Gunn. Finalmente, esa canción fue reemplazada por una versión de The Middle, decisión que generó críticas entre algunos seguidores en redes sociales.
La posproducción reflejó además la influencia de ambas visiones creativas. El montaje estuvo a cargo de Tatiana S. Riegel, colaboradora frecuente de Gillespie, y de Fred Raskin, editor habitual de Gunn, quien se incorporó posteriormente y asumió un papel relevante en la versión definitiva.
El estudio también recurrió al guionista Jeremy Slater para colaborar durante la etapa final del proyecto y participar en un rodaje adicional de nueve días. La escritora original del filme, Ana Nogueira, permaneció involucrada en el proceso. Entre las modificaciones realizadas destacó la reconstrucción de la batalla final.
Tras el estreno, Peter Safran reconoció públicamente que los ingresos estuvieron por debajo de lo esperado. En declaraciones retomadas por diversos medios, afirmó que Supergirl “no cumplió con nuestras expectativas de taquilla”, aunque insistió en que el proyecto representa únicamente una parte de la estrategia de largo plazo de DC Studios, la cual mantienen sin cambios.
A pesar del revés comercial, el estudio mantiene su calendario de producciones, que incluye Clayface, una cinta de terror de menor presupuesto centrada en el villano de Batman; Man of Tomorrow, dirigida por James Gunn, y The Batman: Part II, que continuará desarrollándose fuera de la continuidad principal del nuevo universo compartido.
También continúan en desarrollo varias producciones televisivas enfocadas en personajes secundarios presentados en Superman, como Jimmy Olsen y Mr. Terrific, con la intención de ampliar el universo narrativo sin depender exclusivamente de Batman, Superman o Wonder Woman.












