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En este tercer año de la gestión, en la Universidad se sigue con la incertidumbre sobre el destino de su Secretario General como parte de la operación Carrerista, a quienes se les está poniendo en capilla —como el caso reciente de Mónica Rangel que se declara culpable de los fraudes que le fincaron—, ya que Federico Garza dejó varios pendientes en la Fiscalía del Estado, y que, protegido ahora por nuestra alma máter, desempeña un papel discreto pero gris sin el consenso de la comunidad, que cada día ve más alejadas a las autoridades de los  principios universitarios de Transparencia y Legitimidad.

Si bien el reciente informe da cuenta de los retos y logros de la gestión, ha dejado sin resolver los cuestionamientos a dos personajes de primer nivel, uno, ubicado en la parte jurídica y, otro, la transparencia de nombramientos y seguimiento de sospechas en el inicio de la gestión, antes y durante las campañas a Gobernador del Estado.

No se queda atrás la déspota conducción de la Tienda Universitaria de Servicio al estar en la gerencia de un abogado cuyo nombramiento nepotista da cuenta de un desconocimiento total del servicio que debe prestar esa entidad, además de los malos tratos al personal y la malentendida austeridad, al dejar de ofertar productos de alta necesidad para los trabajadores universitarios.

También tomamos nota del descontento de los jubilados por el trato despectivo y a quienes se les afectó en sus ingresos, violentando claramente el reglamento de pensiones y jubilaciones y el contrato colectivo de trabajo —todo en aras de la austeridad—, y la falta de iniciativas para esclarecer y fortalecer el fondo de pensiones que durante años ha construido la base trabajadora y universitarios que, además, habían aportado su entrega incondicional al servicio de la educación superior.

Una actitud prepotente y repulsiva por parte de la administración central hacia directores, mandos medios y personal de confianza, poniéndolos en un estado de confusión e incertidumbre, atemorizando como en tiempos de Mario García donde nadie podía opinar ni criticar positivamente las políticas de gasto y manejo de las finanzas, igualmente con Manuel Villar, donde algunas grandes inversiones se encuentran en mal estado o en suspenso, dado el incesto en el diseño y construcción de espacios financiados por el gobierno Federal.

El majestuoso edificio del Centro Universitario Bicentenario y el estacionamiento de zona Universitaria mantienen el oscurantismo en el origen y destino de los recursos para su construcción; la ausencia de información sobre los ingresos para fortalecer a la UASLP deriva en el sospechosismo por el estado en que se encuentra el mencionado fondo de pensiones. En ese tenor, Buchitin vendió la idea de que  muchos actores de la institución pudieran dañar a la gestión del doctor, de ahí la presión despótica a directores y personal de confianza, una vez que urdió para dejar fuera a quienes más experiencia tenían en la conducción de los destinos de la Universidad.

No es de extrañar el desánimo por lo que sucede en las áreas de nómina, capacitación y evaluación, y presupuestos y adquisiciones, ya que ha permeado la desconfianza por la falta de reconocimiento a personal con experiencia. La pérdida de identidad ha llegado hasta los alumnos otrora orgullosos de su alma máter, siendo todavía sostenida en su prestigio por los Investigadores reconocidos internacionalmente. Esperamos una mayor comprensión de la autoridad hacia quienes están en la línea de batalla en el aula, servicios de apoyo y laboratorios, para que se les dé el lugar que merecen, no así a la grilla comandada por su secretario particular y de los cercanos al rector que actúan sólo bajo sus intereses, menospreciando a la comunidad estudiantil y personal de la universidad.

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