El Rapacejo
Por El Primo Feliciano
Gobernar implica mucho más que inaugurar pequeñas acciones y presentarlas como grandes logros. La ciudadanía distingue perfectamente la diferencia entre una obra que transforma un municipio y las labores de mantenimiento que cualquier administración está obligada a realizar. En Santa María del Río esa diferencia parece haberse difuminado en el discurso oficial. Durante los últimos años se ha insistido en destacar como “grandes obras” el bacheo de calles, la pavimentación de algunos tramos secundarios, el revestimiento de caminos rurales, la instalación de luminarias o las constantes promesas de que ahora sí quedará resuelto el problema del agua potable. Nadie discute que esas acciones sean necesarias; lo cuestionable es pretender colocarlas al nivel de proyectos que realmente cambien el rostro del municipio. La percepción de buena parte de la población es que Santa María del Río continúa esperando una obra emblemática que marque un antes y un después para el llamado Pueblo Mágico. Una inversión importante en infraestructura, movilidad, desarrollo urbano o servicios públicos que trascienda el periodo de gobierno y beneficie a las futuras generaciones. Hasta ahora, esa obra simplemente no aparece. A ello se suma un desgaste político provocado por las diferencias internas que, desde hace meses, se atribuyen a los distintos grupos que disputan espacios de poder dentro de la administración. Cuando la atención se concentra en los conflictos internos, inevitablemente se descuida la gestión pública y las prioridades de la ciudadanía pasan a segundo plano. El tiempo tampoco juega a favor. A la actual administración le resta poco más de un año para entregar el gobierno y el margen para cambiar la percepción ciudadana se reduce conforme avanza el calendario. En política, la memoria del elector suele construirse a partir de resultados tangibles, no de discursos ni de campañas de difusión. También resulta inevitable preguntarse por la escasa obra federal destinada a un municipio gobernado por un partido afín al Gobierno de México. Muchos habitantes esperaban que esa coincidencia política facilitara la llegada de recursos extraordinarios para carreteras, infraestructura turística o proyectos estratégicos. Hasta ahora, esas expectativas tampoco se han materializado. Santa María del Río necesita más que mantenimiento urbano. Necesita visión de largo plazo, proyectos de impacto y gestión efectiva de recursos. Porque gobernar no consiste únicamente en administrar lo cotidiano, sino en dejar un legado que pueda verse, medirse y recordarse cuando termine el periodo constitucional.
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