Por: Mario Candia
Recomendaciones de cine colombiano
Mateo (Gamboa. 2014) La historia de Mateo, opera prima de María Gamboa se sitúa en uno de los barrios marginales de Barrancabermeja, Colombia y es tiene como base una narrativa en pro de la resistencia comunitaria concebida como respuesta contra la violencia que ejercen los habituales grupos de extorsionistas de perfil violento que envenenan Colombia. De hecho, la directora deja clara su intencionalidad de crear conciencia y denunciar a lo largo del metraje de la película e incluso en sus créditos finales, los cuales homenajean a las diferentes comunidades que luchan contra la violencia callejera en la difícil realidad del atribulado país. Mateo es un drama social bienintencionado y necesario.
Satanás (Baiz. 2007) En 1986, uno de los sucesos criminales más trágicos de la historia colombiana, fue la masacre del restaurante Pozzetto, el hecho convirtió en celebridad al ex-soldado del Vietnam Campo Elías Delgado, autor de la matanza. Andrés Baiz director de la cinta acierta al mostrar a unos personajes marcados por el azar, la culpa y la miseria, de modo que se tiene la impresión de que los hechos fluyen naturalmente, sin forzar los hechos, a pesar de la crudeza de lo que se está contando. Destaca la extraordinaria actuación de Damián Alcázar, que logra la proeza de hacer comprensible a su personaje sin pretender justificarlo.
Pájaros de Verano (Cristina Gallego y Ciro Guerra. 2018) Los Wayúu son los hijos del viento y la primavera. Son una nación con más de seiscientos mil integrantes y la primera fuerza indígena en Colombia. Su cosmogonía tiene fuerte relación con el territorio, sus ideas del mundo, les han permitido construir una identidad y una serie de principios, donde la mujer mantiene el linaje (un tipo de matriarcado) que cuenta con un papel de dominio. La película nos cuenta la historia real de una familia indígena Wayuu, liderada por Rapayet y su suegra, que a finales de los año 60 manejaron el tráfico de marihuana en la Guajira. Este hecho los enfrentó, no solo a las autoridades locales, que los tenían bastante controlados, sino también con su propio clan, que los repudiaba y los acusaba de perder muchos de sus valores ancestrales. La puesta en escena y la fotografía son excepcionales, tanto como el desierto de Guajira y la Magdalena donde se grabó la cinta y que son base fundamental. La película es capaz de desplazar el cine de narcos a un territorio donde el trapicheo llega a convivir con los matrimonios pactados, las dotes y las danzas tradicionales.
Monos (Landes. 2019) En Monos, del director brasileño Alejandro Landes, hay una historia, hay unos personajes y hay un paisaje montañoso imponente. En ella, un grupo de jóvenes, miembros de una guerrilla, se someten a un duro entrenamiento a la intemperie. Hablar sobre la guerrilla en Colombia es un tema bastante sensible y hasta trágico, pero aquí el director no aspira a hacer un discurso político, en su lugar, nos presenta parte de la vida de estos jóvenes cuyo entorno y comprensión del mundo es simplemente cumplir con las órdenes de su superior.













