Por: Mario Candia
Recomendaciones del cine de Pablo Larraín (Chile)
Ema (Larraín. 2019) Podría decirse que esta cinta ha nacido de la curiosidad de Pablo Larraín por las nuevas generaciones, por poner dos ejemplos tratados en su película, el reguetón como reafirmación del deseo femenino y la piromanía urbana como una forma de arte performativo. Hay en su fascinante heroína, encarnada por Mariana Di Girolamo como una fuerza de la naturaleza, una anarquía, una emotividad desmedida. La fuerza visual, impetuosa, va de la mano con los hirientes diálogos y el ejercicio de un feminismo libertario que no resulta ni complaciente ni tranquilizador para la misoginia de turno. Extraordinaria película del cineasta chileno.
Tony Manero (Larraín. 2008) Esta película es oscura, fría, lenta, con una mirada directa a la vida patética y sin destino de personajes invisibles pero absolutos. Muy bien actuada, con un Alfredo Castro que demuestra, a todas luces, su gran calidad de actor, tanto es así, que su personaje nos convence sinceramente de ser un maldito don nadie. Sin duda gran película de culto.
Post Mortem (Larraín. 2010) como característica de su cine de este periodo, Larraín vuelve con una atmosfera oscura, lúgubre, como las calles de aquel Santiago de los setentas. Donde Mario, el médico forense protagonista, interpretado por el genial Alfredo Castro, demasiado ensimismado por su obsesión con su vecina, no se da cuenta de nada, ni siquiera pueden decirse y quizá tampoco verse, pues nadie ve nunca nada, ni los secuestros, ni los disparos, ni las torturas, nadie es nunca el espectador, nosotros tampoco lo somos. El registro del ejército en la casa de la vecina no es mostrado, solo los ruidos, los golpes, el cristal, los ladridos del perro ni el disparo, mientras el protagonista sigue duchándose ajeno a todo aquello, ajeno a los cadáveres que se van apilando en la morgue, ajeno al cadáver de Salvador Allende, a su compañera horrorizada, siempre ajeno, ajeno a todo, a toda aquella muerte y destrucción. Ajeno a todo, menos a ella. Larraín resalta el gris, que inunda desde el cabello del hombre, hasta el enfoque de la película, que al final acaba devorando todo.
No (Larraín. 2012) En 1988, la dictadura chilena del general Augusto Pinochet buscaba validarse ante el mundo con un plebiscito sobre su continuidad. Los chilenos se encontraron frente a dos opciones: el “Sí”, que significaba la permanencia en el poder de Pinochet por ocho años más, y el “No”, que permitiría el llamado a elecciones democráticas y la posibilidad de un cambio en el sistema de gobierno. Durante 27 días, ambos bandos tuvieron 15 minutos de la franja televisiva para convencer a los votantes, 27 días en los que él “Sí” tuvo detrás todo el poder oficialista y el “No” recurrió a la creatividad y el humor para hacer llegar su mensaje. En este contexto se desarrolla la cinta de Pablo Larraín y, con el fin de lograr que el espectador se sumerja en esta época, decidió darle un tono de documental a su película. El gran trabajo del director adquiere más fuerza al estar acompañado de muy buenas actuaciones de todo el reparto, en especial de Gael García en la que podría considerarse entre las mejores actuaciones de su carrera.













