Los rebozos que se confeccionan en Santa María del Río son a base de seda sintética, algodón y artícela, famoso material que permite a la prenda pasar por un anillo, lo que podrás comprobar durante tu visita, ya que existen numerosos talleres donde se muestra el trabajo artesanal de este textil.

Lugar de hospitalarias personas, rodeadas de huertos por su clima templado y por su cercanía con la capital, Santa María del Río ha sido por siglos el sitio preferido de las familias acomodadas de San Luis Potosí para fincar sus casas de campo. No en balde el poeta de la naturaleza, potosino de nacimiento, Manuel José Othón, escribió en honor de Santa María el poema Mi pueblo.

En el arco de entrada a la población, sobre la carretera federal, se lee: Santa María del Río, cuna del rebozo. Y no es para menos: ahí se han tejido, desde la época prehispánica, los más bellos y finos rebozos que se conocen; tan es así que algunos de ellos han ganado premios nacionales e internacionales. Ahí nació el rebozo más famoso del mundo.

El rebozo se convirtió en un símbolo de nuestra mexicanidad y su uso ha sido de lo más variado. Mientras las damas de alta alcurnia lo utilizaban dentro de sus casas, las mujeres del pueblo no salían sin él; para ellas era abrigo, monedero, tendedero, pañuelo, lienzo para bautizar, cuna y mortaja. Y cuando se presentaba una riña, se convertía incluso en arma. Hasta las monjas en su vida claustral lo usaban, de color azul y blanco, el llamado “de bolita”. En contraste, la mujer otomí mojaba la punta de su rebozo en el agua de la fuente cuando recordaba a su novio.

Los hubo muy finos, algunos muy vistosos por su decorado especial, distinto de los tradicionales. Las mujeres de las mejores casas de San Luis Potosí los mandaban hacer a su gusto, según la ocasión, o los compraban ya hechos y de la mejor calidad, de los que se tejían con los diseños de los artesanos, como el de barbilla, que era café, y el palomo o pinto abierto, de color blanco y negro. Y es que cabe aclarar que el rebozo siempre lleva dibujo y más de un color, mientras que la llamada chalina es de un solo color.

A principios del siglo XX, quizá hasta los años treinta, varios hacendados potosinos sembraron moreras y lograron producir la seda que se utilizó en Santa María, pero la Revolución fue haciendo cada vez más difícil su desarrollo, por lo que se empezó a usar una seda llamada catiteo y más tarde la italiana. Actualmente es raro conseguir rebozos de ese material, los que ahora se tejen son de una seda sintética llamada artisela, cuyo costo es más bajo.

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