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InicioInformación GeneralPrevén alza de 18% en el costo de la comida

Prevén alza de 18% en el costo de la comida

San Luis Capital

El Banco Mundial advirtió sobre un incremento en los precios de los alimentos durante 2026 y 2027, impulsado por los conflictos armados, el encarecimiento de los energéticos y los posibles efectos de un episodio excepcional del fenómeno climático “El Niño”, factores que podrían elevar los costos de producción y distribución de productos básicos a nivel internacional.

De acuerdo con información difundida por El Economista, el organismo internacional anticipó presiones sobre los mercados de materias primas, en un escenario marcado por la incertidumbre geopolítica y las variaciones climáticas. Aunque el encabezado de la información plantea un aumento de 18 por ciento en el costo de los alimentos, los datos proporcionados no precisan ese porcentaje como una proyección general del Banco Mundial para los precios de la comida.

En su informe sobre los mercados de materias primas, el Banco Mundial también proyectó que los precios de la energía aumentarán 32 por ciento durante 2026, principalmente por las consecuencias del conflicto en Oriente Medio, que ha elevado las cotizaciones internacionales del petróleo y generado presiones adicionales sobre los costos de transporte y producción.

El precio promedio del barril de crudo Brent, una de las principales referencias del mercado petrolero mundial, pasaría de 69 dólares en 2025 a 91 dólares en 2026, según las estimaciones del organismo. Para 2027, el pronóstico contempla una reducción a un promedio de 79 dólares por barril, condicionada a que no se reanuden las hostilidades en el conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán.

El Banco Mundial advirtió que una nueva escalada militar podría modificar significativamente esas previsiones. Si el conflicto se reactiva, el precio promedio del Brent podría alcanzar los 105 dólares por barril en 2027 y provocar que los precios de los alimentos aumenten 12 por ciento adicional respecto del escenario base contemplado por la institución.

Estas proyecciones reflejan la relación entre los mercados energéticos y la seguridad alimentaria. Un incremento en los combustibles puede elevar los gastos de transporte, almacenamiento y distribución de productos agrícolas, además de encarecer las operaciones de maquinaria y otros procesos necesarios para la producción de alimentos.

Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial, señaló que los mercados de materias primas han enfrentado varios choques importantes de manera simultánea. Ante ese panorama, advirtió sobre los riesgos que las variaciones de precios representan para la seguridad alimentaria, especialmente en las economías con menores recursos.

El especialista también subrayó la necesidad de proteger a los sectores de menores ingresos y respaldar a los países de bajos ingresos que ya enfrentan una elevada carga de deuda. La preocupación radica en que el encarecimiento de los productos básicos puede reducir la capacidad de los hogares para adquirir alimentos suficientes y limitar los recursos disponibles para atender otras necesidades esenciales.

Otro factor que podría influir en los precios agrícolas durante los próximos dos años es El Niño, un fenómeno climático que modifica los patrones de temperatura del océano Pacífico y altera las condiciones meteorológicas en distintas regiones del mundo. Dependiendo de su intensidad y de los efectos regionales, puede afectar los rendimientos agrícolas, la disponibilidad de agua y la producción de determinados cultivos.

Las alteraciones en las cosechas pueden reducir la oferta de productos agrícolas y generar presiones sobre los precios internacionales. Sin embargo, la magnitud de estos efectos depende de las condiciones climáticas de cada región, de la disponibilidad de inventarios y de la capacidad de los productores para compensar las pérdidas en determinadas zonas.

El informe también anticipó incrementos en otros insumos esenciales para la actividad económica. Los fertilizantes registrarían un aumento de 14 por ciento durante 2026, aunque el organismo prevé que sus precios regresen en 2027 a niveles similares a los observados en 2025.

El encarecimiento de estos productos representa un factor de presión para los agricultores, debido a que los fertilizantes son fundamentales para mantener la productividad de los cultivos. Si los costos de los insumos aumentan, los productores pueden enfrentar mayores gastos operativos, con posibles repercusiones en los precios de los alimentos, dependiendo de las condiciones de oferta y demanda.

En contraste, los metales registrarían un incremento de 25 por ciento durante 2026, de acuerdo con las previsiones del Banco Mundial. El aluminio, el cobre y el estaño alcanzarían niveles récord, impulsados por la demanda vinculada con las energías renovables, la construcción de centros de datos para inteligencia artificial y la expansión de los vehículos eléctricos.

El comportamiento de estas materias primas muestra que las presiones inflacionarias no se limitan a los alimentos o los combustibles, sino que abarcan distintos sectores de la economía mundial. La evolución de los conflictos internacionales, las condiciones climáticas y la demanda industrial serán factores determinantes para el desempeño de los mercados durante 2027.

Para México, las variaciones internacionales de los precios de los alimentos, los fertilizantes y los energéticos representan factores que deben seguirse por sus posibles efectos en los costos de producción, transporte y comercialización. No obstante, la información disponible no establece un incremento específico de 18 por ciento para la canasta alimentaria mexicana, por lo que el impacto en el país dependerá también del tipo de cambio, la producción nacional, las importaciones y las condiciones del mercado interno.

El Banco Mundial mantiene como una de sus principales preocupaciones que la combinación de conflictos armados, perturbaciones climáticas y mayores costos de las materias primas profundice las dificultades de acceso a los alimentos entre las poblaciones más vulnerables. El organismo considera que la evolución de estos factores será clave para determinar la presión sobre los precios y las condiciones de seguridad alimentaria durante los próximos dos años.

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