Por: El Primo Feliciano
En Santa María del Río, como en muchos municipios del estado, la distancia entre el discurso oficial y la vida cotidiana se ensancha cada día más. Mientras algunos se empeñan en emitir comentarios halagadores, ajenos a la realidad y más propios del saludo cortesano que de un análisis serio, la ciudadanía enfrenta problemas cuya gravedad no admite maquillaje. No se trata de opinar por opinar: los hechos hablan solos, y contradecirlos con elogios interesados solo subraya la desconexión entre quienes aplauden y quienes viven aquí. Porque si de verdad existiera esa seguridad tan celebrada en redes y boletines, si el ambiente fuese siquiera medianamente estable, ¿sería necesario que Santa María del Río quedara conectado a Plataforma México? El movimiento —impulsado por el Secretariado Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública— es positivo, sí, porque dota al municipio de herramientas tecnológicas que fortalecen sus capacidades policiales. Pero su mera existencia revela lo obvio: una mayor vigilancia se vuelve indispensable cuando el entorno se ha deteriorado. La integración a este sistema nacional es un reconocimiento implícito de que la realidad no encaja con los discursos triunfalistas. Y no hay mejor ejemplo que lo ocurrido hace unos días: una mujer fue asaltada a unos metros de la Presidencia Municipal, después de retirar dinero del Banco Azteca. La siguieron, la interceptaron en una zona concurrida —“La Casona”— y la despojaron del efectivo sin que nadie, absolutamente nadie, pudiera intervenir, algunos metros de Presidencia Municipal y, obvio, de la comandancia de la policía municipal. La descripción de las agresoras quedó registrada; su escape, también. Lo que no queda registrado es alguna muestra de que este tipo de delitos esté disminuyendo. Al contrario: este asalto confirma la sensación de vulnerabilidad que crece entre habitantes y visitantes, una sensación que no desaparece por mucho que algunos insistan en minimizarla. La recuperación de una motocicleta con reporte de robo en la colonia Gustavo Díaz Ordaz, realizada por la Guardia Civil Estatal, suma otro indicador. No es un caso aislado: forma parte de un patrón constante de hechos delictivos que evidencian la presencia cotidiana de robos, asaltos y movimientos sospechosos en barrios y colonias. Que la corporación estatal mantenga operativos activos es necesario, incluso alentador, pero confirma también que el municipio requiere atención sostenida y estrategias de mayor alcance. En medio de este contexto adverso, la comunidad demuestra una vez más que su fuerza reside en la organización social. La mañana del miércoles marcó el inicio del UBRTON 2025, una iniciativa que año con año moviliza a familias, pacientes, personal de la UBR y colectivos enteros. No hay discursos vacíos: hay trabajo, compromiso y un objetivo claro. Mientras unos celebran sin sustento, otros —los verdaderos actores sociales— construyen desde abajo, sosteniendo programas que permiten mejorar la atención de personas con discapacidad y necesidades especiales. Este contraste define hoy a Santa María del Río: un municipio donde la comunidad se moviliza mientras la narrativa oficial pretende ocultar lo evidente. Conectar a Plataforma México, recuperar motocicletas robadas y atender asaltos en pleno centro no son señales de tranquilidad; son recordatorios de que la seguridad está lejos de ser una realidad consolidada. Los ciudadanos no necesitan halagos, necesitan resultados. Y mientras estos no lleguen, las columnas seguirán escribiéndose no desde la complacencia, sino desde los hechos. Por hoy ya fue todo, nos leemos la semana próxima.











