ZARAGOZA. – El Ayuntamiento volvió a demostrar que, cuando se trata de apretarse el cinturón, siempre hay dos tallas: la de arriba, holgadita y cómoda; y la de abajo, estrangulada.
En sesión de Cabildo —de esas que se anuncian como meramente administrativas, pero que terminan siendo piñatas presupuestales— regidores, directores y la presidenta municipal se autorizaron un aguinaldo de 90 días, un gesto que en cualquier otro contexto sonaría a chiste… pero aquí es política pública.
Mientras a los empleados operativos apenas se les dan los 15 días que marca la ley, el sector privilegiado del Ayuntamiento decidió premiarse a sí mismo con una generosidad que no se ve ni en dependencias federales, ni en empresas privadas, ni en el Polo Norte.
La decisión, claro, llega en un momento en que el propio gobierno municipal insiste en que “no hay recursos”, que la situación financiera “es complicada” y que la austeridad es “prioridad”.
Sin embargo, la austeridad parece tener dirección única: hacia abajo. Para el personal que sostiene el día a día, recortes; para la élite administrativa, abundancia.
El gesto ha provocado molestia entre trabajadores y habitantes, quienes ven en este acuerdo una burla abierta al discurso de responsabilidad financiera.
Al final, la señal enviada es inequívoca: en Zaragoza, el dinero público sí alcanza… siempre y cuando los beneficiarios sean los mismos que lo administran. El resto, a conformarse con lo que toque y a seguir escuchando que “no hay para más”.











