Oh yo no sé, porque no me las prestas, si te hago regalos y te llevo a fiestas. Rockdrigo González
Culmina el proceso electoral para renovar congreso local y federal, ayuntamientos y gobernador. Un clima de violencia y desasosiego permaneció en el ambiente hasta el último momento, la incompetencia de las autoridades electorales dejó manifiesto que los actores políticos pueden recurrir a cualquier táctica para obtener el triunfo, después de todo, el mundo es de los audaces.
Los políticos que hacen actos de campaña anticipados, o que recurren al uso de recursos
públicos para promocionar su imagen son, por regla general, los mayormente beneficiados. Aunque la ley establece mecanismos sancionadores es preciso y necesario pronunciarse al respecto, las áreas encargadas de la vigilancia son ineficaces por antonomasia. En el consejo estatal electoral y de participación ciudadana se toman demasiadas precauciones para no causar actos de molestia en perjuicio de actores políticos que por su naturaleza conflictiva, logran amedrentar a los investigadores y hasta la misma presidenta del ceepac.
El ceepac suele ser particularmente quisquilloso con respeto de la revisión de los gastos de los partidos y de las agrupaciones políticas estatales que aún reciben financiamiento público, la mayoría de estas últimas fueron sancionadas con la pérdida del beneficio por
vericuetos legaloides que los obligaban a un sinnúmero de artificios contables que terminaron por resultar más costosos que el pingüe presupuesto que les otorgaban.
Algo similar sucede con precandidatos o candidatos de partidos míseros que cometen el error de observar con mediana proporción los preceptos legales de la ley, el espíritu del
legislador (en teoría) era la de generar una mayor transparencia pero se convirtió en
una insulsa competencia del gato y ratón. Un candidato de medio pelo se puede volver un infierno después de su debut y despedida en la democracia mexicana. La ilusiones de un incipiente político se ven avasalladas cuando se enfrenta a la eficiente burocracia electorera.
Por eso a las personas respetables o decentes no les agrada la “política”. Sin embargo, la política mexicana se sostiene a base de grandes cantidades económicas de dinero en efectivo que se invierten cada proceso electoral, los ciudadanos lo aceptan, lo consienten, y en muchas partes, incluso lo exigen, la hipocresía del modelo democrático en nuestro país, lo ha vuelto una falacia difícil de ocultar.
En las campañas políticas, la gente pide que los candidatos “regalen algo”. En cada oportunidad de un encuentro entre ciudadanos y candidatos, el mercantilismo de la dignidad prevalece, no quieren escuchar discursos falsos, están dispuesto a tolerar el rosario de vaguedades a cambio de un elote, un vaso de agua, una despensa o algún utilitario vistoso, las gorras, camisetas y mochilas son las preferidas de las clases populares.
Tan poco valor le da el mexicano a su voto que está dispuesto a intercambiarlo por un
obsequio, una promesa o una dulce mentira. La atorrante vulgaridad de quien recibe el beneficio de algo que no le costó y lo repudia, el desprecio por las luchas históricas y el estoicismo de miles de hombres y mujeres que creyeron que podría existir un mejor país el día que todos pudieran votar libremente.
Es vergonzoso reconocer que la mayoría de los mexicanos se mean sobre la constitución,
simulamos estos proceso electivos sólo para he el mundo nos vean como una nación en
desarrollo, porque no todo es la economía, la forma en que se eligen sus autoridades, habla de una sociedad civilizada, que dirime sus conflictos por la vía pacífica, en diálogos basados en el respeto y la concertación.
La verdad es que es muy complicado que en México se pueda dar un desarrollo que permita la evolución de una sociedad primitiva, la ruindad de los políticos que emergen de esta entelequia jamás lo permitirían.
Candidatos como Ricardo Gallardo Cardona irrumpen con éxito en la escena pública porque entienden que la base del juego es la dádiva es la propuesta más decorosa que
existe. En un mundo donde todo tiene que ver con “joder o que te jodan” nadie quiere ser el último en enterarse, la tiranía de los pendencieros, los que se atreven a tomar lo que no es propio y se ufanan de ser falsarios. De esos bienaventurados hablamos, ellos estarán en el reino de los cielos mientras los “nadies” devoran las migajas que cayeron del plato.
Pueblos ignorantes eligen y padecen gobiernos tiránicos y autoritarios. La displicencia con que los mexicanos viven la democracia permitirán cada vez con más ahínco el arribo de personajes que antaño servían apara amenizar un instante de relajo en la cantina, ahora se corre el riesgo de además de respetabilidad, les concedamos el poder de tripular el mundo y guiarnos al precipicio.
Las señales están ahí, una ominosa sombra verde se cierne sobre San Luis Potosí, veamos si los electores merecen un poco de respeto o si ya eligieron, y lo hicieron con las patas.
@gandhiantipatro












