El informe Sisvea 2025 advierte repuntes acelerados en sustancias como tusi, hongos alucinógenos y cannabinoides sintéticos, reflejando cambios incipientes en los mercados del narcotráfico
La presencia de nuevas sustancias psicoactivas ha comenzado a ganar terreno aceleradamente en los registros epidemiológicos de México.
De acuerdo con el Informe Sisvea 2025 de la Secretaría de Salud federal, el caso más pronunciado es el de la mariguana sintética, la cual pasó de apenas 17 reportes de consumo alguna vez en la vida en 2024 a 2 mil 350 casos en 2025, es decir 138 veces más en un año.
El incremento, registrado entre personas atendidas en Centros de Tratamiento y Rehabilitación No Gubernamentales, representó dar un salto de 0.01 a 1.9% en la participación proporcional del sistema en solo un año, tras haber sido incorporada formalmente a la vigilancia en 2024.
Aunque estas sustancias todavía representan proporciones menores frente a drogas de alto impacto tradicional como el alcohol, el cannabis natural y las metanfetaminas, el propio Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (Sisvea) advierte que su rápida expansión permite identificar cambios incipientes en la oferta de los mercados ilegales y en las preferencias de los usuarios.
El comportamiento de las drogas emergentes no muestra un patrón uniforme a nivel nacional.
De acuerdo con el análisis del Sisvea, los reportes de LSD, Tusi y hongos alucinógenos se concentran principalmente en las entidades del centro del país, mientras que la mariguana sintética presenta una mayor prevalencia relativa en la región occidental, registrando en ambas zonas niveles superiores al promedio nacional.
La Secretaría de Salud precisa que los datos corresponden a la modalidad de consumo alguna vez en la vida, por lo que no equivalen necesariamente a consumo reciente ni implican que dichas sustancias hayan sido la causa directa por la cual los pacientes ingresaron a rehabilitación.
La dependencia sostiene que la detección temprana de estas sustancias marginales fortalece la vigilancia epidemiológica y brinda herramientas para adecuar las políticas de prevención e intervención institucional frente a la evolución de las adicciones en el país.














