ZARAGOZA. — Lo que debía ser una jornada de fiesta deportiva terminó convertida en un episodio de violencia, luego de que la final de futbol de Primera Fuerza entre Racing Jr. y Coyotes-Valedores, pertenecientes a la Sociedad de Fútbol Zaragoza A.C., fuera suspendida definitivamente en medio de una pelea, invasión de la cancha y hasta detonaciones de arma de fuego.
El encuentro se disputaba en el campo 20 de Noviembre. Durante la primera mitad, Coyotes-Valedores tomó ventaja y se fue al descanso con el marcador a su favor.
La historia cambió durante los primeros 20 minutos del segundo tiempo, cuando Racing Jr. reaccionó y consiguió darle la vuelta al partido para colocarse 2-1. El segundo gol provocó la molestia de jugadores y aficionados de Coyotes-Valedores, quienes reclamaron una presunta posición adelantada.
Lo que comenzó como una protesta terminó rápidamente en empujones y golpes. Aficionados ingresaron al terreno de juego y se desató una auténtica escaramuza, obligando al cuerpo arbitral a detener el partido.
Pero el episodio fue todavía más grave. De acuerdo con los reportes, durante el conflicto se escucharon detonaciones de arma de fuego. Afortunadamente, pese a la gravedad de la situación y a que los disparos habrían sido realizados con poca precisión, no se reportaron personas lesionadas.
La tensión se prolongó durante aproximadamente 20 minutos, mientras se esperaba que existieran condiciones para continuar con la final. Sin embargo, ante la falta de garantías de seguridad, el árbitro central decidió dar por terminado definitivamente el encuentro.
El marcador quedó oficialmente 2-1 a favor de Racing Jr., pero el resultado deportivo quedó prácticamente eclipsado por la violencia.
Y aquí aparece un problema que va mucho más allá de una jugada polémica: la desmedida venta de bebidas embriagantes y la prácticamente nula vigilancia policial habrían contribuido a que una discusión deportiva terminara fuera de control.
Una final no debería necesitar VAR para saber cuándo una situación dejó de ser un partido y se convirtió en un riesgo para los asistentes.
El futbol puede generar pasiones, rivalidades y reclamos. Lo que no puede convertirse en normal es que una decisión arbitral termine provocando golpes, invasiones de cancha y disparos.
Si había cientos de personas reunidas para disfrutar un espectáculo deportivo, la seguridad debió ser una prioridad antes de que comenzaran los problemas, no cuando ya todo se había salido de control.
La temporada terminó, sí. Pero la final de Primera Fuerza de Zaragoza quedará en la memoria no por el campeón ni por el futbol mostrado, sino por una pregunta mucho más incómoda: ¿cuánto tiene que escalar la violencia para que alguien entienda que vender alcohol sin control y dejar un campo deportivo sin vigilancia es una combinación peligrosamente irresponsable?













