La vida de un indigente terminó mientras descansaba; el techo de los Arcos Ipiña lo resguardaban en espera de un nuevo día para caminar y buscar alimento por las calles potosinas.
Como todos los días, el espacio, junto a un local del pasillo rodeado de arcos, lo usó como cama; cansado, cargando sus cobijas, lentamente se acomodó en el lugar para dormir.
Así fue la última noche de una persona en situación de calle, esta mañana ya no despertó, el lugar que algún día eligió para pasar sus noches lo vio morir, los muros que las noches heladas le desviaban el viento frío fueron testigos de las causa de su muerte.
La persona indigente, no sufrió al morir, pero, cada paso que dejó en las calles de la capital, sin duda están marcados de una triste historia que lo llevó a vivir en la calle.
Desafortunadamente, existen muchas historias encerradas en el mundo de tristeza de cada persona que, por infinidad de razones son parte de los indicadores del abandono.













