Por El Jofrito
El pasado 30 de abril, la plaza principal de Tierra Nueva volvió a llenarse de familias con motivo del Día del Niño. Como ocurre cada año, el espacio público se convirtió en punto de reunión para niñas y niños que acudieron atraídos por los juegos mecánicos y un espectáculo en vivo programado desde la tarde. Desde antes de las 17:30 horas comenzó a notarse la llegada constante de asistentes, principalmente de la cabecera municipal, aunque también hubo presencia de personas provenientes de comunidades cercanas. La dinámica fue la habitual: filas para los juegos, música, y menores recorriendo el lugar en busca de entretenimiento mientras los adultos observaban desde los alrededores. No se trató de un evento extraordinario, sino de una celebración que sigue una fórmula conocida. Juegos gratuitos, un espectáculo y la concentración en el primer cuadro del municipio. Para muchos, suficiente para pasar un rato distinto; para otros, una actividad que se queda en lo momentáneo. Y es ahí donde aparece el contraste. Mientras la plaza se llena en fechas específicas, hay quienes señalan que este tipo de eventos no logra ocultar otras carencias que persisten el resto del año. Espacios públicos con mantenimiento irregular, pocas alternativas permanentes para la niñez y una oferta limitada de actividades fuera de días conmemorativos. La asistencia fue constante durante varias horas, aunque sin cifras oficiales que permitan dimensionar el alcance real del evento. Lo que sí quedó claro es que, más allá del festejo, la demanda de opciones recreativas sigue vigente en el municipio, no solo en fechas marcadas en el calendario. Al final, el Día del Niño volvió a cumplirse como tradición: un día de juegos, música y convivencia. Pero también dejó en el aire la misma pregunta de fondo: qué tanto de esa atención se mantiene cuando se apagan las luces del evento.
La reciente reactivación de la entrega de semillas a través del SMDIF en Tierra Nueva retoma una práctica que ya se había implementado en años anteriores: impulsar la autoproducción alimentaria desde el hogar. Sobre el papel, la idea resulta sencilla y hasta lógica: acercar insumos básicos para que las familias puedan sembrar y cosechar parte de sus alimentos. En esta ocasión, las variedades incluyen cilantro, calabaza, acelga, brócoli, espinaca, melón, lechuga romana, cebolla y zanahoria; además de tomate, pepino, chile pimiento, apio, espinaca y rábano. Una lista amplia que, en teoría, permitiría diversificar pequeños huertos domésticos. Sin embargo, más allá del anuncio, surgen las mismas interrogantes que en ejercicios anteriores. ¿Cuántas semillas se entregan realmente por familia? ¿Existe seguimiento para quienes deciden sembrarlas? ¿Hay acompañamiento técnico o todo queda en la entrega inicial? La experiencia previa muestra que este tipo de programas suele quedarse en una acción puntual: repartir sobres y dar por cumplido el objetivo. Sin capacitación, sin evaluación y sin continuidad, el impacto se diluye con el tiempo, quedando más como un gesto que como una estrategia sostenida. Las chicas de la selección femenil de futbol del Cobach 23 lograron la hazaña, se coronaron campeonas, en el Mundialito Futbolero de Media Superior. No tenemos conocimiento de algún apoyo que hayan recibido por parte de las autoridades locales, pero si ha quedado bien documentado que se han sabido colgar de esa medalla que no les corresponde. Felicidades a estas excelentes jugadoras que pusieron en alto el nombre de Tierra Nueva. Se nos termino el espacio por esta semana, pero el compromiso sigue en pie. Nos leemos la semana próxima.











